miércoles, 6 de octubre de 2010

La patada de Evo

Una de las muchísimas leyendas que, sobre Franco, existían, decía que, al Dictador, un buzo le ponía en el anzuelo los peces para que, así, picasen pues, parece ser, su pericia como pescador era poca. No sé si es verdad pues, a Dios gracias, mi vida no transcurrió, en ese ominoso periodo de la Historia de nuestra España. Sobre ese particular, mejor preguntar en el PSOE, que, como está lleno de hijos de Falange, seguro, maneja información más veraz, sobre este asunto que, lo mismo, habría que investigar, por si fuese menester, pagar las correspondientes indemnizaciones por aquello de la memoria histórica y tal y tal.
De lo que si les puedo hablar, es de lo que he visto. Por ejemplo, del vídeo del Presidente de Bolivia, Evo Morales. Sí, ese en el que se ve, en una pachanga de solteros contra casados, al simpático personaje, propinando una patada en, salva sea la parte, a un adversario político, por haberle entrado en la disputa de un balón y haber impactado en su tobillo. Y, en este tema, lo que me sorprende, es la decisión que toma el árbitro del partido: expulsar al agredido. Con un par... de ponchos.
Queda claro que, aceptar las reglas y comportarse con deportividad, no van mucho, a tenor de lo visionado, con el carácter de este individuo. Queda claro, que la Justicia solo repara al mandamás. Como también queda claro que, si esta acción la hubiese protagonizado otro caudillo, claro está, del signo político contrario, a estas alturas, el progresismo militante, habría hecho mil chascarrillos y creído ver en este acto, el culmen de la opresión de un pueblo que clama libertad. Porque, esto es, como lo de la pesca y el abuelo de Carmencita la del orujo. Un ejemplo de como los dictadores son iguales en todos lados. Constatación de que cuando se da el poder a un prepotente, lo usa con despotismo. Imagen firme de que, la bondad, el perdón, nada tienen que ver con la ideología. Malos y buenos, hay en todos lados.
Por eso, cada vez me sorprenden más, los circunloquios que dan los dirigentes de izquierda para justificar a notas como este, o como sus compadres Chavez y sus primos, los Castro. No son Bolivia, Venezuela, Cuba, precisamente, potencias mundiales y nuestra política exterior, es sumisa y proclive a la genuflexión.
Que haya que mantener la cordialidad con Iberoamérica, no significa que haya que tragarse, que nacionalicen, por la cara, posesiones adquiridas por honrados ciudadanos hispanos, que se salten los acuerdos internacionales sobre extradición de terroristas y que, día sí, día no, nos insulten sus dirigentes. Va siendo hora de ver que, como a sus contrincantes en el ruedo propio, nos están pateando en la entrepierna y, nuestra respuesta es débil. Que en este partido, el trencilla no lo ponen Evo, Hugo ni Fidel. Que hay organismos mundiales a los que recurrir. Que, porque tengan intereses Repsol y el Banco Santander, no tenemos que dar esa imagen de cándidos carajotes, el resto de españoles que no somos accionistas de esas empresas. Que ya hemos purgado el colonialismo, como los demás países. Que, en suma, España se merece respeto como nación y, si no nos lo dan, con cortar relaciones, zanjamos una amistad que, habría que ver, a quien está beneficiando más.