jueves, 7 de octubre de 2010

La Liga de la Hiedra

Ustedes saben que soy oyente fiel de radio y lector compulsivo de prensa y revistas. Raro es el día que no leo varios diarios, que no veo un par de informativos y que no escucho una horita, al menos, de tertulia radiofónica. Tengo, como todo Cristo, mis filias y mis fobias. De alguna de ellas, ya les he dejado aquí mis impresiones. Hecho este preámbulo, he de escribir, con gusto, que trato de no perderme la edición española de Esquire que, en el número de este mes, celebra su tercer aniversario. La recomiendo por lo diverso de sus artículos, entre los cuales, me quedo con el magnífico recorrido, por el selecto club que forma, la Liga de la Hiedra, "Ivy League".
Compuesta por siete universidades anteriores a la Revolución Americana y una última, que se sumó un siglo después, esta curiosa asociación, estructura y articula la vida académica e intelectual americana. Harvard, Yale, Princeton, Pennsylvania, Columbia, Dartmouth, Brown y Cornell. En cualquiera de esos centros, han estudiado, casi la totalidad de los personajes más relevantes e influyentes de la historia yankee: Presidentes, Senadores, Jueces, Financieros, Abogados, Periodistas.
Todo empezó, cuando USA, no era más que una colonia de Inglaterra. A mediados del siglo XVII, la Corona deseaba imponer sus principios éticos y, decidió, que la mejor manera de hacerlo era exportando conocimientos. Lo hizo fundando centros educativos de élite con dos elementos comunes. Uno, la calidad de su educación, formación, valores morales y éxitos deportivos. Dos, construyendo siguiendo los cánones estéticos british, o sea, fachadas de piedra cubiertas de hiedra (ivy en inglés). Desde 1954, esta planta trepadora, ha dado nombre a la colección de escuelas más elitistas y envidiadas del planeta.
Pero, ¿qué valores se intentan proyectar entre sus estudiantes?
El principal es el patriotismo. La Facultad no es sino la prolongación del orgullo nacional. Una forma de entender la realidad que, quienes allí aprenden, trasladarán a las empresas para las que trabajarán. Lo harán superando una serie de pruebas, resumidas en dos máximas: Juega duro y estudia duro.
Hay que demostrar que se es sociable, educado, correcto, divertido e irreverente; que se es buen estudiante y, si fuera posible, destacar en el ámbito deportivo. Además, el paso por su campus, deja indeleble un sello en la forma de vestir, cómodo pero elegante, práctico pero presentable.
En fin que, como estarán observando, si EEUU ha llegado, en poco más de doscientos años, a mandar en el globo terráqueo, no ha sido porque, detrás, no haya habido un serio y concienzudo trabajo. Qué, después, lo que nos llegue aquí, bien por la caja tonta, bien en directo no haya, en muchos casos, por donde cogerlo, no quita que, medios, pongan al alcance de quien tenga ambición y quiera esforzarse por conseguirlo.
Si tienen ocasión, lean la totalidad de lo que, aquí, por la jeta, les he resumido (cuando no copiado) de esa publicación (Esquire, repito). Luego, lo comparan con nuestro sistema, que tira universitarios a go-go, para orgullo fanático de papaítos que piensan que, como sus vástagos fueron a la triste y provinciana educación superior que damos, gratuitamente y con todas las facilidades posibles, eso sí, su prole debe ser la que mande en España. Tipos que, tras cinco años sentados en las bancas, dejan en el blog de este cateto de Castilleja de la Cuesta que, es público, no pisó jamás Facultad alguna (hecho del que no me siento nada satisfecho), comentarios con faltas de ortografía y de una simpleza que, revela, el lamentable hecho, de que, aquí, no se leen ni las guías gratuitas de Ikea.
Lo mismo es el sello Ivy que el sello cani. Luego, los odiaremos con todas nuestras fuerzas y nos quejaremos de que se crean el ombligo mundial. ¿Será, porque se preparan para mandar, conscientes de la transcendencia de lo que hacen y de las responsabilidades que asumen?
Que se yo. Yo solo sé leer y escribir pamplinas, según nuestros cachorros. ¡País!