jueves, 14 de octubre de 2010

Una joven gorrilla de veintipocos años

El tema de los gorrillas, es uno de los más difíciles de explicar al visitante foráneo. Contarle, a un amigo que te viene a ver que, por aparcar, te cobran en la calle, tras haber abonado el correspondiente impuesto, mientras a tu vera, pasan impertérritos, patrullando los Policías locales, es harto complicado, máxime, cuando les confirmas que, existe una Ordenanza que los prohibe y que, en algunos casos, están uniformados porque, en el colmo de lo absurdo, a un Alcalde, se le ocurrió regularizar su situación y asignarles una zona para su explotación.
Alguno, puesto al corriente de estos datos, me ha mirado, como si lo que le hubiese contado, fuese una broma. Pero no, queridos amigos de allende las fronteras, de la ciudad del Betis, todo lo del párrafo anterior, es verídico. Para desgracia del sufrido y honrado sevillano, bien de intramuros, bien del resto de la provincia.
Existen, pues, me dirijo a los extranjeros ahora, aparca coches ilegales y aparca coches legales, o Vovis. La diferencia entre ambos es, que estos últimos, te extorsionan con recibo, uno en el que, curándose en salud, indican que, la responsabilidad de vigilar que, en última instancia, es para lo que se suponen están, es tuya y solo tuya. ¡Con un par! Normalmente, los pertenecientes al gremio legalizado, son de una Asociación llamada PM 40 o algo así. O sea, parados mayores de cuarenta o de la cifra que sea. Oferentes de empleo de dudosa inserción, que diría el personaje, que preside este reino de taifa llamado Andalucía.
De ahí, mi extrañeza ante lo que he vivido esta mañana.
En el aparcamiento que existe, delante de la parada de metro de Blas Infante, cuando he estacionado, se ha acercado a auxiliarme, en el engorroso tema de colocar el carro, en una explanada kilométrica y vacía, donde la dificultad estriba en elegir, cuantos metros de distancia quieres, entre tu vehículo y el del prójimo, una joven que, si no me falla la vista, podría tener, por lo alto, unos veinticinco años, a lo sumo. Uniformada con camisa de tufillo palanganoide, con sus zarcillos en la cara y, me ha parecido, tatuada, como es preceptivo para ser moderno. Menos de veinticinco, ya les digo. Si son más, menos aparenta. Díganme, donde está la dificultad de encontrar un currito de verdad a esa edad. Aunque sea limpiando casas o de camarera en las bodas. Algo digno y productivo.
Y me ha dado por preguntarme, ¿qué está pasando en esta Sevilla de ahora para que, te extorsionen sin que nadie haga nada, lo haga una moza en edad de doblarla y, encima, esté legalizado? ¿Es que ser honrado ha pasado de moda? ¿Es que pagar impuestos no comporta derecho alguno? ¿Es que caminamos hacía la ley del más fuerte? ¿O es que, somos gilipollas los que pretendemos ganarnos la vida con decencia y partiéndonos los... cuernos, para llegar a fin de mes?
Porque, la pava esta, se levanta, de ocho a tres encima, a una media de diez coches la hora por sesenta céntimos, la cantidad de cuarenta y dos euros diarios, lo que, multiplicado por una semana de cinco días de curro, te da doscientos diez euros y si, a su vez, lo llevamos a meses de cuatro semanas, ochocientos cuarenta. Todo en B, faltaría más. Limpio de polvo y paja. En números cortos, añado. Ya podría cotizar como los demás o, el médico, ¿se lo pagamos como le estamos pagando los piercings?
Lo dicho, carajotes perdidos, todos, en nombre de una mala interpretación del Estado del Bienestar. No cotiza, se beneficia de todos los servicios y no se somete a las Leyes.
Ahora van y se lo cascan a un finlandés.