lunes, 6 de diciembre de 2010

Estrella Michelín: ¿garantía o rollo?

No, no me fío del criterio de los jueces de la archifamosa Guía Michelín. Lo siento, no me dan confianza aunque, la verdad, a mi, lo que digan estos críticos gastronómicos, me da exactamente igual. Reitero para los que aterricen, desde hace poco, por esta negra página: mi única referencia a la hora de elegir mesa y mantel, son mis ojos y mi estómago.
Que me resulten poco creíbles, lo acrecientan hechos como la concesión de una de sus famosas estrellas, al restaurante Santo del Hotel Eme. Nada tengo en contra, ni de Baltasar Díaz, su chef, ni de Martín Berasategui, el ideólogo del sitio. Nada que no sea que, por regla general, no suelo repetir donde se me maltrata y, en ese establecimiento, se me maltrató. Así, sin anestesia y con todas sus letritas. Concreto: dormí mal a causa del ruido, se inundó la habitación, me levantaron de una mesa, para sentar a otro cliente, una vez se me había servido una copa... podría seguir, pero para qué. Me parecen razones de peso, para hacerle la cruz a una casa que, tras esas peripecias, me tiró a la calle lloviendo, tras negarme el préstamo, de un triste paraguas de publicidad, insinuando, encima, que había sustraído la llave del cuarto, cuando la citada tarjeta magnética, reposaba sobre el mostrador de recepción.
Sin embargo, tal como refiero que, habitualmente, no son indicativas sus sugerencias, tengo que reconocer si quiero ser justo que, en el listado, tienen otras señoriales opciones que, si son fieles de la publicación de la rueda, están muy bien aunque, son de capricho por sus precios.
Uno es Abantal, donde Julio Fernández Quintero, su cocinero, borda una cocina de autor que, encima, es generosa. Otro, el Burladero del Hotel Colón, versión renovada del gran Dani García, de lo que, en tiempos, era un referente en los ambientes taurinos.
No me he sentado a comer, en el único dos estrellas de toda la provincia, en la Alquería del Benazuza sanluqueño. Allí, guisaba Rafael Morales aunque, la carta, era de un tal Adriá. Tienen tiempo para preparar la cartera porque, desde hace un tiempo, abre a partir de la primavera.
Tres apuntes, para concluir. En primer lugar, tengo buenas referencias de Gastromium y, la verdad, como huyo del momento prestigio, habrá que ir, antes de que, lo que es solo nominación, pase a premio. En segundo, si tuviese ganas de excursión para comer estupendamente, aprovecharía que se ha caído del Olimpo, el rondeño Tragabuches. En tercero, no es tiempo de aparecer por A poniente, en El Puerto de Santa María. Será más caro porque, salir en el elitista y rojo álbum, tiene unos costes que hay que amortizar.
¡Buen apetito a todos!