jueves, 9 de diciembre de 2010

¡Hasta luego Lucas!

Se acabó lo que se daba. Carlos Moyá cuelga la raqueta. Ha sido en el Pabellón de San Pablo, de esa Sevilla que lo vio lograr dos puntos decisivos, en la segunda Copa Davis lograda por España. Atrás queda una carrera plagada de triunfos. El número uno mundial, la final del Open de Australia, la corona en Roland Garros... amen de su papel estelar, en el citado mundial de tenis, por países. Se ha ido por la puerta grande, tras vender cara su derrota, en los cuartos del Master Nacional, ante el siete del mundo, David Ferrer.
Vaya desde aquí, como hace pocos minutos he hecho, desde el graderío, mi más sentido aplauso, para un líder en lo deportivo y en lo humano. Le deseo lo mejor, al bueno de Charly y a la bella madre de su bebé, Carolina. Que sean todo lo felices que se merecen. Que disfruten tanto como lo hemos hecho nosotros con él. Que la vida le devuelva todas las alegrías que nos ha dado. Y, parafraseándole, decir que no es un adiós, solo un hasta luego, aunque no me llame Lucas porque, tíos así, siempre deben estar en el deporte.