jueves, 16 de diciembre de 2010

Las jornaitas, ese tesoro castillejano

Suelo achacarlo, a la falta de interés y al desconocimiento, de la riqueza cultural que atesora, una población como la nuestra, Castilleja de la Cuesta. Hablo de la poca presencia, de los nuevos habitantes que, desde todos los rincones del orbe, se han incorporado a nuestro vecindario. No voy a descubrir nada, si les cuento que tengo conocidos, entre ese sector de la población, que sugieren que, por nuestra cercanía a la capital, nuestra vida gira, como la suya, en torno a las tradiciones sevillanas. Conocidos -decía- que, reconocen abiertamente y sin rubor alguno, no haber pisado mas que unas pocas calles y, no haber visitado jamás, ninguno de los dos principales templos locales.
Eso que se pierden, me digo, mientras rememoro con nostalgia, una infancia que no volverá más, donde la Navidad empezaba con las Jornaitas placeñas. Pero me entristece, ciertamente, tal dejadez y tamaña falta de integración. Que, para introducir a los pequeños en la Navidad, llevemos a nuestros hijos, a Sevilla, a visitar belenes, cuando, caminando, sin guardar largas colas y con más comodidad, sin apreturas, podemos darles sus primeras lecciones sobre este tiempo, a la par que integrarlos en las costumbres del maravilloso sitio donde habitan, me parece, perdón por la contundencia, de tontos.
Porque no voy a decirles, cayendo en el error de pensar, que mi niño es el que mejor lleva el paso que, las Jornaitas, son la más singular representación de las vicisitudes que María y José padecieron, hasta poder encontrar la plaza donde dar a luz, a nuestro Señor Jesús. Porque no voy a entrar en discusiones históricas sobre antigüedad o modernidad. Porque no voy a comentarles que, los Campanilleros, son un espectáculo musical de primer orden. Porque no voy a entrar en la demagogia barata de señalar, en definitiva, que en esta Villa, inventamos el Nacimiento. No, no voy a hacer eso. Aunque podría porque, es tan vieja esta costumbre que, su origen, entronca con la leyenda.
Lo que si voy a hacer, es explicarles que se pierden. Se pierden una Novena, donde cada día, porque se matan a trabajar los componentes de la Hermandad colorada, el altar sirve de escenario para un recorrido, que arranca en Nazaret y culmina en Belén, sin dejar de estar en la Plaza de Santiago. Se pierden ver a los Santos esposos caminando juntos, a María subida en una mula, a la Virgen vestida de pastora, o sacando agua del pozo, o sentada junto al fuego, o pidiendo posada con José. Se pierden la armonía de ese coro de cantoras. Se pierden Castilleja de la Cuesta, su pueblo, el mío, el nuestro.
¿Les parece poco? ¿merece o no un poquito de sus agendas? Prueben una noche a ir a la Iglesia. Les puedo asegurar, y no es chouvinismo de castillejano del barrio del aguardiente, que no se van a arrepentir.