viernes, 17 de diciembre de 2010

La cámara de los balones

Soy un apasionado de los medios de comunicación. Raro es el día que no dedico mi tiempo de ocio, a la lectura, escucha o visionado de prensa, radio o televisión. Me ayuda, cierto es reconocerlo, internet, esa herramienta indispensable para quienes quieran estar actualizados. También, me veo obligado a señalar, que el hecho de consumir información, no me aparta de otro vicio que, desde niño, cultivo: devorar libros.
Me disperso. Les decía que, soy un ferviente seguidor del periodismo actual. Hace unos años, fruto de una serie de colaboraciones altruistas con diferentes emisoras locales, tuve la suerte de conocer a Fran Ronquillo, un plumilla que se iniciaba, como David Martínez y Jerónimo Fernández, los del informativo del centro regional de TVE; Villanueva, el de Tele 5 y otros tantos a los que, nombrar, haría excesivamente extenso este artículo.
De todos, Fran, fue el que más ha tardado en llegar al reconocimiento y, mira que cosas, lo ha hecho siendo el alter ego de un señor, José Antonio Sánchez Araujo, que se tiró, una larga ristra de años, trayéndonos los lejanos goles que, por toda Europa, marcaban Betis y Sevilla. Ronquillo ha tenido el inmenso privilegio de heredar su espacio de la SER, La cámara de los balones, una tertulia que -quizás ahora- esté en lo más alto de su discurrir como programa deportivo.
La cámara, no es un noticiario al uso. Es, más bien, una tertulia en clave de humor. La componen, todos los miembros de la redacción deportiva de la emisora de PRISA: Santi Ortega, Florencio Ordoñez, Manolo Aguilar y el susodicho. Lo que la hace tan especial y tan divertida, son las imitaciones más que logradas, de mi admirado compañero de madrugones, carreras por la banda y partidos de regional.
Un día es Lopera (yuyu), otro Araujo, otro Luis Carlos Peris y otro, quien se tercie. Lo borda. No sé cuantos registros de voz tiene el nota. Hay veces que te da por pensar, si sería capaz de hacer dudar, a la mismísima madre de los imitados. El caso es que te ríes hasta que te duele el estómago y por eso, soy fiel oyente del 103,2 de la F.M., a la una y media de la tarde cada día, entre semana. Porque una carcajada, está muy cara en estos años. Porque, la risa, es la mejor terapia contra la crisis. Pero, sobre todas las cosas, porque un amigo es quien la provoca, entre ataques de nostalgia y emoción sincera. La de ver, como los sueños se cumplen y, el de este caballero, a quien puedo mirar desde arriba porque es más chico que yo, se ha hecho tangible a lo grande. Solo le pido a Dios, que le dure mucho, más que en Radio Voz y la COPE.