lunes, 27 de diciembre de 2010

Aprendiendo a contar

Cuando era chiquitito, me enseñaron los números en una cartilla Palau. Primero a identificarlos, luego a ordenarlos, finalmente, su utilidad. Inocentemente creí que, las cifras, determinaban cantidades. Parece ser que no estoy acertado. O eso, o aquí, a alguien, no le han dado cartilla Palau, como me la dio a mi, mi abuela que en la Gloria estará, en un banco de la Plaza de Santiago, a la hora de los deberes.
¿Qué me estás contando, hijo mío? se dirán ustedes. Simple, les ubico.
En breve, tomará posesión de su cargo de Presidente de la Generalidad, el líder de Convergencia y Unión, Arturo Mas. No hago más que leer y oír, que es el número ciento veintinueve y, no me salen las cuentas. Si, desde el exilio, volvió Tarradellas para dar la vara a Pujol y, con estos dos, cerramos un periodo de más de cincuenta años. Antes de ellos, estuvieron Macia y Companys. Luego de ellos, han estado Maragall y Montilla y, ahora viene este señor (si me dejo alguno, tampoco es relevante)... ¿Cuando han estado los otros ciento veintidós notas ocupando la poltrona? ¿Qué estamos contando? ¿cardenales? ¿obispos? ¿condes, quizás? Porque, no me saldrán con la milonga, de un Estado catalán en el siglo XVI o en el XVII. Por favor, díganme que no. Que me puede dar un ataque de risa.
Una última reflexión, un poco menos divertida. Según este político al que, en breve investirán, las sentencias del Supremo no deben ser acatadas, porque no tienen jurisdicción sobre sus dominios. O sea que, según su argumentación, si tampoco estoy de acuerdo con que me condenen alguna vez, con decir que no tiene autoridad sobre mi, el Tribunal que lo haga, no tiene que ejecutarse lo que disponga. ¿Esa es la democracia de estos? ¿La Ley feudal?
Interesante. Tomo nota. Así nos va.