jueves, 6 de enero de 2011

Electoralismo en carroza

Dentro de poco más de cinco meses, nuestra Castilleja de la Cuesta, como el resto de municipios, someterá a sus consistorios al examen que suponen las elecciones. Por desgracia, en España, para la mayoría, los comicios no miden la gestión de nuestros políticos. Ese día lo que se mide, es el compromiso ideológico de los votantes con sus siglas. Hagan lo que hagan, votar al PP, PSOE, IU, CDS, PA, UPyD... u opciones varias, es cuestión de fidelidad para algunos, sin valorar la ideoneidad de lo hecho. No es conveniente molestarse en darles ningún tipo de argumento. A ellos no los convencerá nada ni nadie. Son del partido aunque en las listas les presenten a Mickey Mouse o al Teletubie morado.
Por suerte, aún quedan cabezas pensantes que, con sentido crítico, valoran la trayectoria del periodo de gobierno. A estos, debemos agradecer la alternancia. Son una minoría a la que no engañan las artimañas que, con descaro periódico, intentan pervertir un sistema corrompido pues, con un poquito de estrategia es, perfectamente posible, adulterar el resultado de las votaciones. Lo de ayer, sin ir más lejos, es un claro exponente.
Es por todos conocido, porque el mismo Ayuntamiento se encarga de airearlo sin pudor, que nuestro pueblo tiene telarañas en la caja de caudales. No hay para atender convenientemente la seguridad. No hay para hacer mejoras en los colegios, ni para dotarlos de servicios complementarios como transporte escolar, servicio de comedor o aula matinal. No hay para nuestros centros culturales, o sea, Casa de la Cultura y Cívico de Nueva Sevilla. No hay para parques, ni para jardines, ni para limpieza. No hay para remozar nuestro Estadio Antonio Almendro, que es la vergüenza de la división en la que juega el Castilleja CF. . . No sigo, la lista sería eterna.
Para lo que si ha habido, ha sido para Cabalgata de Reyes y bien que me alegro porque, una cosa no tiene nada que ver con otra. Soy partidario de que no se pierdan nuestras tradiciones que, a fin de cuentas, son las culpables de que sigamos teniendo una identidad propia, diferenciada, genuina. Es más, aplaudo el esfuerzo que se ha hecho desde nuestra casa consistorial, aunque, solo por coherencia, debería de haberse optado, por la solución de la cabalgata de hace setecientos y pico días.
¿Qué es lo que no me ha gustado? Si la cosa esta tiesa, díganme, ¿por qué no se ha delegado en las Hermandades, como se delegó hace pocas ediciones? ¿tendrá algo que ver la proximidad de la campaña electoral? ¿tendrá que ver el hecho de obtener réditos con dinero público? ¿ha sido por esto, esta edición, la más lucida desde hace, curiosamente, cuatro años? ¿no es curioso que, ayer, si hubiese limpieza inmediata y no como, en los últimos recorridos, que limpiábamos todos los vecinos con las ruedas de nuestros coches? ¿no es sospechoso el despliegue de personal comparado con la escasez del 2010 o 2009? ¿no es raro que este año si haya habido candidatos para encarnar a sus majestades? ¿no es extraño que sean de la cuerda?
Preguntas que, si hubiese honradez, tendrían la misma respuesta cada vez que se pusiesen en las calles, Melchor, Gaspar y Baltasar. Porque, cuando de lo que se trata es, de que pervivan las herencias culturales legadas por nuestros mayores y no, de colgarle medallas al mandatario de turno, no pueden caber sospechas, de un electoralismo para dudosos que es lo que se vivió ayer.
Porque Manolo Benítez, Juan Manuel Anguas, Carmen Herrera y resto de tropa, los votos, no se consiguen en seis meses con caramelos, confettis y pelotas... se consiguen currando en pro de todos, los cuatro años que dura el mandato y, ahí, con objetividad, sin intereses bastardos e inconfesables, con una lista de logros cortita con sifón, habéis demostrado vuestra altura como gestores: la altura del palo de un chupa-chups.