sábado, 8 de enero de 2011

Atascados por castigo municipal

Tiene Castilleja de la Cuesta, mi pueblo, su pueblo, nuestro pueblo, así, contando con rigor, tres entradas. La más antigua, la que nos da acceso por la Cuesta del Caracol, dejando a la derecha la Venta de Guía, tiene su puerta en la glorieta del antiguo Embrujo, hoy Iguana Rana. Allí, confluye con la primera salida, desde la autopista, que distribuye el tráfico hacia nuestra Villa y la vecina Tomares. La segunda salida es, asimismo, nuestro segundo acceso. Llega a la rotonda de la antigua Venta del Aljarafe, hoy Burger King y, deriva la circulación hacia Bormujos y Gines también. La tercera y final, nos deja en la puerta del Hospital NISA, trayéndonos desde Castilleja de Guzman.
Hago esta aclaración, para que algunos de nuestros ediles aprendan algo porque, me consta, muchísimos de ellos no saben mas que llegar al Ayuntamiento y a Casa Robles. ¡Pobres criaturitas! No tuvieron la dicha de probar, para desayunar, la riquísima manteca colorá de Pepe Polvillo, en su celebre Venta, ubicada donde ahora han puesto un restaurante de comida basura. ¡Criaturitas! A ninguno de ellos les llenó el deposito del coche, el viejo Lamela en el único surtidor que teníamos en la población. ¡Infelices! no conocieron las moreras, que eran arco triunfal y pórtico de la primera Capital del Aljarafe y que, porque es verdad, asesinó doña Carmen (¡Firrrrrmeees!).
Las entradas, los accesos, las puertas, las salidas, pongan el término que quieran, soportaban, pese a lo miniaturesco de su configuración, el denso tráfico de nuestro municipio con holgura. Porque, a Castilleja, toda la vida de Dios, ha venido la gente a comprar tortas a Gaviño e Inés Rosales o, pasteles a la confitería de Pepe Rosales; a tomar café en sus magníficas cafeterías; de copas a La Huella, al Cañaveral, al Stiletto, al Jácara, al Olimpo; a almorzar o cenar, en el Embrujo, el Semáforo, el Alija o a Casa de Joselito y, además, nos cruzaba la gente que iba y venía a Huelva, la que bajaba al médico o al Cortinglés, la que iba por agua a la Fuente de Tomares. En fin, que les voy a contar que no sepan.
Y no nos atascábamos.
Ya sé que me van a contar el cuento de la buena pipa. Me van a hablar de que no teníamos IKEA, ni Airesur (ni falta oiga, para lo que han dado). Muchachos, ¿les tengo que recordar que, San Juan de Aznalfarache, tiene Hipercor, además de Carrefour y no hay este lío? O, el caso de Tomares, con su Polígono El Manchón (Leroy Merlin), su parte del león de El Corte Inglés y la nuestra de la tienda de los muebles planos, ¿ven ese follón allí? O, el de Mairena del Aljarafe, con su PISA y su Metromar.
No, esos vecinos no soportan este sin vivir. No viven angustiados, porque se les pongan malos los niños y no les pueda llegar la ambulancia. No tienen que tener el GPS en el tarro, ni rutas alternativas estudiadas. Sus políticos, que no es que sean Cánovas del Castillo o Azaña, fueron previsores y, además, ponen medios, hoy, para que no sea un infierno habitar allí.
Pero aquí no. Aquí, llega el día del solsticio de Suecia y todos a llorar. El del padre de Escandinavia y nos dan por el trasero. La festividad del copón bendito de Estocolmo y se forma el taco gordo. ¿Por qué? Porque le da igual a Manolo Benítez, a Carmen Herrera, al arbitro malo de las barbas, al Señor Anguas y sus asesores a media jornada. A todo Cristo. LES DAN IGUAL LOS CASTILLEJANOS. Y no ponen su policía, su regulación y señalización. No los han puesto en todas las Navidades, ni en las rebajas. Y, pasan de pelearse con Junta y Ministerio, no vayan a cabrear a Pepiño y a Griñán. Eso es seguridad, campeones de la demagogia. No solo que no nos roben, que, por supuesto. Eso, es parte del conflicto que no os sale de la flor arreglar.
Piensen en eso cuando llegue Mayo. Piensen en si van a seguir aguantando a todos estos, cuatro años más. Piensen si les merece la pena padecer, para que ellos vivan como reyes. Porque este es el fruto de su política y llevan desde que llegó la Democracia. No busquen otros cánceres, ni se dejen comer la cabeza por el rollo de Franco, la derecha cavernaria y las Ligas del Madrí. Aquí llevamos treinta años de dictadura y las nietas del Generalísimo, son otras. Eso sí, no veranean en el Pazo de Meiras.