domingo, 9 de enero de 2011

Manifestarse por los asesinos: lo que quedaba por ver

Sucedió ayer en Bilbao. El entorno de la banda de asesinos ETA, promovió, convocó y realizó, con permiso de la Justicia española, todo hay que decirlo, una manifestación que recorrió, por espacio de dos horas, las calles más céntricas de la ciudad vizcaína. Reclamaban, ante el -dicen- inminente alto el fuego, que se tenga en cuenta a los presos, en el proceso de paz. Pedían, como paso previo, el agrupamiento en centros penitenciarios vascos. Como paso previo digo, porque la verdadera solicitud, es la excarcelación amnistiados. Y una de gambas.
Si noticia es, que amo muerda a perro, aquí no hay titular posible. Esta memez la hemos vivido, como vivía Murray el día de la marmota. A mi, particularmente, de este circo de la tropa vascuence, lo que me ha llamado la atención ha sido, observar en la relación de firmantes del manifiesto, a ocho jugadores de la Real Sociedad de San Sebastian. Ocho tuerce botas que han confundido los términos.
El deporte, tal como lo entendemos los que lo amamos, es un compendio de valores y, si es fin para transmitir algo, desde luego, lo que no se puede pretender transmitir, es la impunidad de los crímenes. Porque contraviene toda lógica, negar la Justicia a quienes sufrieron perdidas irreparables que, en conclusión, es lo que ha sucedido al prestarse a firmar los futbolistas donostiarras. Amen de un apoyo condenable, no solo moralmente, sino con las Leyes en la mano. Me explico.
La Comisión Nacional Anti-violencia, surgió para terminar con las malas prácticas en el ámbito deportivo. Su génesis era impedir, que se usase este mundo, como vehículo para expandir mensajes a favor del fascismo, del racismo o de la intolerancia. Que los rubricantes de un texto donde, no solo no se condenan los asesinatos de ciudadanos libres, si no que, se pretende equiparar a verdugos y víctimas, puedan continuar vistiéndose con la zamarra azul y blanca, impunemente. Que la entidad de la bella Easo, no haya condenado esta actuación, estando presidida por el hijo de un exiliado de este grupo de malhechores. Que las diferentes Federaciones, no hayan puesto en conocimiento de instancias superiores esto. Que nadie del CSD haya dicho ni pío, solo puede entenderse como una dejación absoluta de funciones cuando, en otros casos, un simple silbido, una pancarta mal entendida o un cruce de declaraciones, ha motivado sanciones contundentes, pero además, todo el caso, me reafirma en mi impresión de que, España, tiene dos varas de medir. Una para Cataluña y el País Vasco. Otra para los demás. Aunque los demás seamos los que padecemos tanto desmán y tanta ignominia, a tantos chupa tintas y tantos cobardes, a tantos aprovechados y tantos caraduras.
Menos mal que, el Sevilla, puso en el verde en su sitio a la escuadra de donde salieron mitos como Arconada, Satrustegui o Perico Alonso. Porque, la notoriedad de un deportista, donde debe obtenerse es en el terreno de juego y, queridos pro-etarras, ahí, no pasáis de la vulgaridad más absoluta.