sábado, 15 de enero de 2011

Empezamos como acabamos: ganando

En Castilleja de la Cuesta, a tantos del tanto, de otro año de la era triunfal

Queridos españoles del mañana:

No hay manera. Ni por tener claro que no competimos de manera amistosa. Ni por saber cuales son nuestras armas. Ni por restarles presión asumiendo el rol de favoritos. No saben como meternos mano. Crece la sensación de que somos invencibles. Crece, porque no sabemos hacer otra cosa que no sea ganar. Hoy, terminó el más celebre de los raids, el Dakar que, vaya usted a saber por qué, continúa manteniendo el nombre, pese a celebrarse muy lejos de la capital del Lago Rosa. ¡Cosas de gabachos!
Lo hizo con otro recital y van, ni se sabe, de esa colección de campeones, que defienden los colores patrios. Lo hizo, con victoria de etapa en la categoría de coches, del ganador de la última edición, Carlos Sainz. Es la séptima aunque, esta mano, ser el más rápido tantos días, solo le ha dado el tercer cajón del podio. Lo hizo, con Laia Sanz liderando la categoría de féminas. No está mal para una chica que, pese a su juventud, puede presumir de ser, diez veces campeona mundial, nueve continental y cuatro del Trial de las naciones. Desde hace un rato, también puede añadir a su excelso palmarés, un Dakar, el sexto de los ibéricos.
Pero, sobre todo, lo hizo con la tercera victoria de Marco Coma en motos. El de KTM, reventó la carrera muy pronto y, desde hace jornadas, corría con la calculadora en la mano, gestionando su magnífica renta. Convertido ya, en el dakariano hispano por excelencia -tres coronas así lo atestiguan- no se ve el techo a un piloto que, a poco que continúe su trayectoría, puede dejar su nombre y apellido, a la altura de los más grandes como Peterhansell.
Lejos quedan los tiempos de Jorge Arcarons que, en esta edición, volvió como mochilero de Laia tras ocho años de ausencia. Lejos queda, la celebradísima primera corona de Nani Roma, hoy en la categoría de cuatro ruedas. Lejos, nuestras testimoniales apariciones, en una prueba que nos pasaba por casa y que empezaba en París. Ahora mandamos nosotros y, los nuestros, son referencia indiscutible.
No sabemos cuantos durará, esta tiranía que ejercemos sobre el deporte mundial. Son tantos y tan variados los logros. En días, se inicia el Open de Australia de tenis y, otro nacido en la península, puede lograr algo tan histórico que, por concretar, solo se ha hecho un par de veces antes. Sumar los cuatro grandes uno tras otro.
No sabemos, escribo. Pero, lo que si sabemos, es disfrutar de este reinado que, aunque solo sea en este área, nos hace ser la envidia del mundo. Sin ir más lejos, para que no se pierdan las gestas de nuestros héroes, dejo constancia por escrito aquí, para vosotros que leeréis, la memoria de un tiempo convulso y difícil. Es mi voluntad que sepáis, que la única felicidad que reflejan los telediarios, es esta. El resto solo son números, cifras, advertencias, amenazas y polémica. Aún así, hay quien se queja de que se le de importancia a estas nuevas. Seguiré trayéndolas y dejándolas impresas porque, sin ellas, se habría ido al limbo la idea de este sitio que habitamos y que se llama España.

Sin otro particular, se despide este humilde amigo del ayer que os envidia porque, seguramente, viviréis horas de otro cariz y, en ellas, habrá ilusión y futuro. Aquí y ahora, solo hay desgracias, fatalismo e incertidumbre aunque, algunos, queramos seguir vendiendo que, al menos, nos queda algo que no nos pueden robar: la esperanza.