jueves, 20 de enero de 2011

Barcelona: Aquí, no

No, no pasó el Betis. Lo hizo el FC Barcelona, uno de los dos equipos que mejor juega al fútbol en esta época. El otro lidera la Segunda División. Los culés vencieron en su casa y el Real Betis Balompié, en su templo de Heliópolis. La injustísima goleada encajada en la ida, condicionó la vuelta porque, nunca nadie levantó un cinco cero, en la historia moderna de la Copa del Rey.
Y eso que no habían pasado ni siete minutos cuando, Jorge Molina, ya había llevado dos veces el balón al fondo de las mallas. Con ese resultado, él mismo, se plantó ante el estrafalario peinado de Pinto pero, Piqué, anduvo listo para abortar, lo que podría haber sido un cataclismo de consecuencias imprevisibles. El tercero de los verdiblancos, hubiese hecho temblar las canillas de media Cataluña. Fue el momento clave, como fechas atrás, el disparo de Rubén Castro que se estrelló en el larguero, cuando se consumía la primera mitad, del primer asalto de estos cuartos del torneo del KO.
Entonces volvió a aparecer Leo Messi y se acabó lo que se daba.
Con el de ayer, son cuatro los tantos anotados en esta eliminatoria donde ha sido indispensable. Sin su concurso, quien habría pasado habría sido la escuadra del Villamarín. Hagan cuentas, son las mismas que hicieron que, Guardiola, pusiese toda su artillería, con el argentino a la cabeza.
El respeto en el fútbol se gana ganando pero, incluso en la derrota, los de Gordillo, los de Mel, los de los ausentes Emaná y Dorado, los de los canteranos, los de un canario que lo enchufa todo y los de Molina, entre otros, han logrado que, en España, todos reverencien el modo de jugar de un club que nunca, nunca, será de la categoría de plata.
Pasó la gente blaugrana. La gente de imbéciles como Sala y Martín, el chaquetitas que se permitió ofender a la mía y, a quien nos quedamos con las ganas de verlo salir con la cabeza gacha. La gente de quien se cree Kennedy. Pero quien ganó, fue el equipo de La Palmera, recuperando su hueco en el corazón de esta nación, como su segundo equipo. Eso, con lo que tenemos encima, por culpa del ditero de Jabugo, es mucho, muchísimo.
Ahora queda concentrarse en lo realmente importante. El camino trazado está a la mitad. Falta media liga. Falta concluir lo emprendido. Entonces sí, entonces estaremos felices los béticos. Hasta ese día, solo nos queda el orgullo y un objetivo: volver a nuestro sitio.