sábado, 22 de enero de 2011

Lopera, Oliver, Mario Conde, la Jueza Alaya o cuando la Ley es Justicia

En España, los estafadores siempre han tenido buen cartel, siempre han caído en gracia. De ahí que, de todos los delitos, robar sea el que más se justifica. También es el más rápido a la hora de olvidarse. De perdonarlo, ni hablamos. Mientras más grande lo sustraído, más héroe es quien lo hace. La culpa la tienen la cortedad de las penas y que, en un tanto por ciento muy elevado de veces, lo distraído no vuelve a sus legítimos propietarios.
Quien no ha escuchado vacilar a algún amigo, de haberse pirado sin pagar de un bar. Quien no ha visto como, en el supermercado, alguien le cambiaba el precio al detergente caro poniéndole el del barato. Quien no intenta declarar menos al fisco aún sabiendo que corresponde. Quien no ve que se equivocan dándole el cambio y se calla. . .
Robar es robar sea cual sea la cantidad y sea cual sea el contexto. Andar buscando justificaciones es insólito, pero está en el ADN de los latinos. Eso sí, la cosa cambia cuando a quien se lo hacen es a uno. Entonces sí, entonces la solución es el patíbulo o el paredón.
De entre todos los mangantes, quienes mejor consideración tienen son los de guante blanco. A algunos ni siquiera los pillan. A los que cazan, nunca los escucharan reconocer haber delinquido. Su preparación es tan alta que da pena ver el caudal de talento malgastado. Porque para pegar un pelotazo de los gordos, hay que ser muy inteligente, haber estudiado mucho el asunto y ser muy frío. De estos últimos, hemos padecido, en el Real Betis Balompié, unos cuantos. Empezaremos por el último de ellos, Mario Conde.
Cuando la otra noche en la SER, escuché hablar a este abogado del Estado, dueño de la finca Los Carrizos, ex-Presidente de banco y tertuliano de dudosa respetabilidad, en los términos que lo hacía sobre el proceso judicial de MI entidad, no tuve por menos que sonreirme y tomármelo a guasa. Que Mario Conde pretenda dar lecciones de legalidad, que pretenda defender a quien llamó nazi o loca a una jueza y arruinó todo lo que tocó, que quiera postularse como garantía de honradez en la gestión de un vividor como Luis Oliver es como, que a estas alturas de la vida, nos pidan que creamos en duendes, gnomos o elfos. Siendo suaves y educados, lo más que podría pedirse a este engominado bien trajeado, es que, si tan seguro se encuentra de su amigo, le de la posibilidad de gestionar su patrimonio, como pretende hagamos los aficionados del club de Heliópolis. No siéndolo, cabría señalarle su paso por la cárcel, para que se meta su magisterio por ahí. De Oliver, mejor les sugiero busquen en google. Si encuentran alguna referencia buena, quedan invitados a desayunar en el mejor restaurante de Castilleja de la Cuesta, en la casa de mi amigo Alfonso "El Piraña". En Jerez de la Frontera o Cartagena, están recogiendo firmas para ponerle una plaza. O una Avenida. Les sugiero a estos ciudadanos que, lo suyo, sería que le pusiesen una galería... pero de celdas.
A Manuel Ruíz de Lopera y Ávalo, no lo voy a descubrir yo. Quien lo hizo fue una asociación a la que, como socio verdiblanco, no tendré nunca la suficiente gratitud para darle, me refiero a PNB. Solo me gustaría, dirigir estas letras a quienes están disfrutando tanto, a nuestros hermanos en la ciudad y rivales deportivos. Es cierto que, a este ditero del Fontanal, lo encumbramos e idolatramos. Nos faltaba información y pecamos de pardillos. Lo grave es lo vuestro y me lo miraría con atención. Estáis haciendo lo mismo con un señor de antecedentes parecidos. Además, siendo objetivos, cosa que, por vuestro odio atávico, por vuestra inquina a lo verde y por vuestros líderes de opinión, os es imposible serlo a la mayoría de vosotros, no estaría mal reconocer que, con la Ley de S.A.D en la mano, lo que han logrado los miembros de la oposición ha sido, sencillamente, espectacular y sin recurrir a la violencia que era la sugerencia velada que hacíais. Queda claro que había más caminos y que la afición sí estaba haciendo algo. A eso solo puede llamársele, diferencia de idiosincracias.
He querido dejar para concluir, a la Jueza doña Mercedes Alaya. Señora, permítame que le deje constancia escrita de que, si el día de mañana, les puedo hablar a mis hijos de su escuadra y llevarlos a su santuario es, únicamente, gracias a su valor, a su capacidad y a su arrojo. Ha permitido que un descreído como el menda, recupere la confianza en lo que reparten en los Tribunales, en la Ley, porque, por una vez, ha sido Justicia. Con mayúsculas.
Ahora solo queda, devolver a la gente que puebla el Villamarín, los éxitos que demandan y merecen porque, lo que es de verdad de la güena inenarrable, es que, ni con todo esto, había perdido el graderío la alegría. Si es que el beticismo está hecho de otra pasta.
¡Qué les voy a contar yo que ustedes no sepan!