viernes, 28 de enero de 2011

Religiones buenas y malas

Hay determinadas cuestiones que no me entran en el coco. Contradicciones flagrantes que descolocan al más pintado. Por un lado, dicen que, para ser progre, entre otras virtudes, hay que tener, la de ser tolerante con todas las manifestaciones religiosas. En base a esa argumentación, se defiende a los seguidores de Alá y su profeta Mahoma. Se entienden sus normas y se les da rango de Ley. Creo en la libertad de elegir y, si hay quien quiere ser musulmán, no será el menda quien se lo impida, eso sí, acatando el ordenamiento jurídico vigente. Luego podría considerarme incluido en el término hecha la salvedad. Lo chungo del tema viene, cuando uno se define como cristiano, porque, a esos hay que respetarlos menos. Esos son los culpables de la pobreza mundial. Esos tienen un líder facha, retrógrado y unos principios morales opresores y anacrónicos. Esos tienen una Historia de la que arrepentirse e imperdonable. Los fieles del Islam, parece que no. Y ya no les cuento, cuando se habla de judaísmo.
Esta crisis, si no se habían enterado, la han provocado los judíos. Ese es el mantra. Ellos y los banqueros, que vienen a ser lo mismo para algunos iluminados, decidieron una buena mañana, fastidiar al resto del planeta y a la izquierda en particular, para hacerse con el control del mundo. Botín, que el sionismo lo más cerca que lo ha visto en Santander, ha sido en fotografías, no es una excepción. Los de la banca china, tres cuartos de lo mismo. Llevan la estrella de David en el fondo de sus corazones, aunque no se hayan enterado aún.
Porque, cuando se habla de especulación, de usura, del mal, tendemos rápidamente, a asociarlo, a tipos vestidos de negro, con barbas y pelos colmados de tirabuzones. O a los curas. A los jeques que tienen Rolls de oro, no. Sin embargo, cuando hablamos de terrorismo yihadista, tenemos que mordernos la lengua si queremos poner voz a nuestros pensamientos, porque no puede incluirse a unos cuantos fanáticos, en el total de una forma de vida integradora, maravillosa y con unas reglas que hay que conocer para poder criticar.
Como cristiano que me considero, me duele la imagen que se da de mi religión. Mas no me voy a molestar en perder un segundo en justificarla. Dejo solo, como botón de muestra, la inmensa labor social de tantos voluntarios de Cáritas. Les cedo la labor de defensa, de lo que significan los valores que se adquieren en la Iglesia y, confieso mi torpeza, al no haber sido capaz de encontrar en la Biblia, una sola cuestión referente a la Guerra Santa. Me voy a concentrar en los judíos que, ayer, vieron pasar sin pena ni gloria, el día del Holocausto o algo así (le ponen unos nombres a esas efemérides artificiales que, con perdón, está tirado olvidarlo).
A los judíos, les ha tocado cargar con el papel de conspiradores, en la película de los tres grandes cultos monoteístas. La clave, la tiene el conflicto palestino porque, cuando cuentan esta disputa, se saltan unos detalles que, oigan, lo mismo tienen su aquel. Ahí se los dejo:
Lo que hoy conocemos como Israel, es un inmenso desierto de veintidós mil kilómetros cuadrados. Allí, en 1909, se fundó Tel-Aviv, ciudad Patrimonio de la Humanidad. Hacia 1920, la Universidad de Jerusalén. Ya en los años 30 del pasado siglo, el 40 % de la población de la Palestina británica, era judía. En 1948, con seis millones de muertos a sus espaldas, aceptaron la creación de un estado palestino a propuesta de la ONU. La respuesta musulmana fue la guerra. Perdieron.
Los israelitas, importan petróleo y gas para su consumo y han hecho una nación, donde solo había tierra abrasada y estéril, sin agua ni minerales. Todo eso, librando tres guerras defensivas. Además, su renta per capita es la mayor de todo su entorno por su alto desarrollo tecnológico, sin olvidar que son, la única Democracia verdadera de Oriente Próximo.
Termino, con una preguntita para todos los indocumentados que, comparando, comparando, han llegado a la conclusión de que, las víctimas, son los musulmanes y, los malos, malísimos, los demás: ¿Es imaginable un estado musulmán con un millón de judíos o cristianos sin nada que temer? Aquí, sucede al revés y no hay problemas. Lo de España, lo dejamos para otro día.
Por eso, concluyo, ser progresista no debe estar reñido con la coherencia. Yo me considero progresista y, no por ello, me como los lavados de cerebro pseudo-socialistas o pseudo-comunistas. Mezclar religión con política, no es una buena idea. Ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos.