domingo, 30 de enero de 2011

El ejemplo de Harry Truman

Enrique Santos, un gran empresario, un gran gestor, una persona comprometida mas, por encima de todo eso, un señor de sombrero a mocasines, me envía un magnífico correo electrónico donde, groso modo, se cuenta la retirada de la vida pública del Presidente americano, Harry Truman. Precisamente lo hace quien, durante un breve periodo de su existencia, quiso implicarse en la mejora del sitio donde vino a vivir, por voluntad propia; donde montó su negocio y creo riqueza; donde, en definitiva, quisiera terminar sus días. Quiere, compartiendo esta historia de coherencia personal, hacerme hincapié, en cuan distintos son los que llegan a la política ahora, con respecto a quienes lo hacían ayer.
Y, sin embargo, al recibir esta misiva digital, quien de verdad me parece digno de ser alabado es él. Porque, el ejemplo de don Enrique Santos, ha sido poco frecuente en el pasado de Castilleja de la Cuesta. Enrique llegó con unas alforjas llenas de ilusión y, desde el día que juró su cargo de Concejal, las fue vaciando en cada comisión, en cada Pleno, en cada acto al que acudió. Intentó tender puentes de concordia, con unos gobernantes que, lejos de aceptar sus ideas, las torpedearon simplemente, por venir de la oposición. Jamás se le aceptó una sola propuesta a un tipo que, lejos de intereses partidistas, solo pretendía una Villa mejor, más cómoda, más viva, más habitable. Obviamente, duró poco y se marchó, asqueado de una manera de entender la gestión municipal, que atenta contra quien intente variar el statu quo. Lo hizo después de perder tiempo y dinero, porque, esa es otra, mi amigo no se molestó ni en cobrar las asistencias: las cedió a la agrupación local que lo puso en las listas, en el sitio que buenamente le pareció conveniente a quien las confeccionó.
Harry Truman, me cuenta el antiguo dueño de la Ferretería Aljarafe, fue el inquilino número cuarenta y tres de la Casa Blanca. No entraremos en si fue un buen o un mal Jefe de USA. Lo único que nos va a interesar, es su salida del mando del trasatlántico que mueve el mundo. Cuando se largó, lo hizo conduciendo su coche junto a Bess, su esposa, a su casa en Independence, Missouri, una vivienda que era lo que le quedaba cuando falleció y que, había sido heredada por ella. Aparte de su periodo en D.F., siempre residió allí. En 1952, sus ingresos se reducían a su pensión del Ejercito. El Congreso, enterándose que hasta pagaba los sellos de correos, le otorgó una prestación minúscula y más tarde, una pensión complementaria. Nunca tuvo escolta del Servicio Secreto. Cuando le ofrecían cargos con elevados salarios, los rechazaba alegando que, se los ofrecían porque pretendían comprar la figura que representaba y que, para su desgracia, si a alguien pertenecía, era al pueblo norteamericano que no la tenía en venta.Antes de ceder el testigo a Eisenhower, se hizo público que, todos sus gastos de viaje y manutención, los había sufragado él mismo. Lo más grande sucedió el seis de mayo del setenta y uno. Ese día, rehusó la Medalla de Honor del Congreso, diciendo que consideraba no merecerla. Ochenta y siete castañas el nota, pero de coco, soberbio. Puestos a quedarnos con algo, me quedo con, quizás, su frase más legendaria:
"Mis metas en la vida fueron ser pianista en una casa de putas o ser político. Y, para decir la verdad, no existe gran diferencia entre estas dos ocupaciones".
¿A qué viene este desvarío dominical? Fácil. No se si recuerdan que, el pasado ocho de Diciembre, en esta misma página les hablaba de Antonio Gallardo, hasta el próximo Mayo, Portavoz del PSOE en Bormujos. Lo hacía para señalar su ejemplo, al haber hecho público su patrimonio, en un blog que, si tienen interés, pueden leer pues sigue activo. Lo que tiene es lo más normal del mundo. No hablamos de alguien que se ha hecho rico ocupando un cargo, pese a llevar unos cuantos añitos. Bueno, pues me entero con tristeza que, a este señor, no lo hacen cabeza de lista. Ponen en los carteles al de siempre, al dentista Iglesias. Luego, el resultado, será el de todas las manos, derrota segura. ¿Por qué? Sencillo. Prevalecerá la idea de que, los honrados, los sencillos, los que no vienen a enriquecerse, no tienen cabida en este mundillo.
La política, en general, necesita una revisión profunda. No tiene lógica alguna que, los que han demostrado en la empresa privada, estar altamente cualificados, tengan que irse desengañados. No es de recibo que, mindundis con profesiones en las que, para ganar jornales como los que se ponen, tendrían que trabajar siglos, metan la cabeza y nunca, pero nunca, nunca, más, vuelvan a sus vidas anteriores. En nuestro pasado más reciente tenemos un caso, el del ex-Alcalde Paco Carrero, que a ver quien es el guapo que lo vuelve a ver agarrado al volante de un autobús. Y si es mentira lo que digo, que me denuncie.
Por eso, Enrique Santos, amigo del alma, me quedo con lo que me mandas pero, por encima de esto, con tu hombría de bien. Quisiste servir, lo intentaste y no te lo consintieron. Me quedo con los Antonio Gallardo, de este repulsivo zoo de hienas y zorras, que enseñan hasta el interior de los bolsillos, para que no se los pueda señalar como ladrones. Me quedo con quienes todavía quieren darse a los vecinos y a su entorno, porque sí, sin esperar más que la satisfacción de sentirse bien con uno mismo. Porque, me reitero, no todos son iguales. Aunque en la tómbola siempre nos toque la papeleta en blanco.