miércoles, 2 de febrero de 2011

El precio de Fernando Torres

Según algunos intelectuales de tres al cuarto, pamplinosos que se creen más cultos y mejores personas, por no ser aficionados al fútbol, lo que se ha pagado por Fernando Torres es inmoral. Una vergüenza -dicen- que un ruso, encaprichado de un equipo que compró, al sobre volar su estadio y coincidir, los colores de sus butacas con el suyo favorito, se gaste cincuenta y ocho millones de euros, en comprar el pase de un futbolista. Con la crisis que hay y la de cosas que se podrían hacer, no solo con ese taco, sino también, con el de los abonos, las entradas y la mercadotecnia.
Cerremos el chiringuito. El dinero de esa industria es la clave. Que un cuadro cueste cinco mil kilos de pesetas, no es lo mismo. Que por un violín se paguen ciento sesenta, tampoco. Que una maricona de Gibraltar, cobre lo más grande por diseñar un vestido, es diferente. Que por comprarse un libro te levanten tres mil quinientas calas, está bien. Que haya que pagar dos mil cucas por tener un cedé, es lógico. Lo lamentable, siempre, es lo del balompié. Reducto donde se concentran, todos los culpables y males de la época que vivimos. Enfermedad que carcome la evolución del mundo.
Quien no ha escuchado eso de ¿qué encuentran de divertido, miles de imbéciles viendo correr a once notas tras una pelota? ¡Den le una a cada uno! ¡Ja-ja-ja-ja!
Ahora, no le vayan a soltar a esos mismos que, los cuadros de los Museos de Arte abstracto, los podría pintar un chiquillo. Ni, que lo increíble es, tirarse dos horas mirando con interés, como saltan once tipos con un pantalón largo ajustado y el torso desnudo, sobre un puente de titanio, mientras otras once señoritas con tu-tu, dan volteretas al son de unos tambores arrítmicos, en el ballet contemporáneo. ¡Como puede compararse, Virgen santísima! ¡Lo bien pagado que está el abono de la temporada de danza! ¡Diez billetes de diez, por dos butacas, dos!
Hipócritas al poder. Paso mucho, muchísimo, de vosotros.