jueves, 3 de febrero de 2011

Yo acuso

Me gustaría saber, que tienen que decir a la profanación masiva de lápidas en el cementerio municipal, los señores Benítez, don Manuel, Anguas, don Juan Manuel, Vega, don Francisco y la señora Herrera, doña Carmen. Me gustaría... pero me voy a quedar con las ganas. Porque, como siempre que hay un problema en Castilleja de la Cuesta, se han metido en el búnker y, de ahí, no los va a sacar ni la mayor de las bombas atómicas, hasta que no amaine la tormenta tóxica. Que se le va a hacer. Ellos son así. Cobardes por naturaleza.
Cuando salgan, dentro de mucho, no darán la cara. Traerán excusas de un repertorio que nos sabemos de pe a pa. Buscaran culpables externos. Escurrirán el bulto. Pretenderán ser víctimas. Cuando, las únicas que hay en esta terrible situación, son los vecinos de la población. Cuando, la única realidad es que, si nuestra Villa está de pena es, exclusivamente, por su acción o inacción, mejor dicho.
Y es que ha quedado claro, queridos incompetentes, que no son hechos aislados. La perla del Aljarafe se desangra. Presenta graves problemas de movilidad y está dejada, salvo las habituales manitas de pintura y obritas de tres al cuarto que -hay que justificar el salario- periódicamente nos concedéis. Nunca como ahora, ha sido tan patente el descaro. Hay familias enteras en nómina de nuestro Ayuntamiento. Son sorpresivamente, siempre los mismos, los beneficiarios de cualquier tipo de ayuda, bien en forma de bonificación, bien en forma de subvención. La carga fiscal es enorme y las trabas a la apertura de negocios gigantescas.
Mas, la mayor de las preocupaciones de los habitantes, es la inseguridad. Da miedo salir a la calle. Robos, peleas violentas con heridos graves y, ahora, profanación del camposanto. Claro que, esto último, a vosotros os da igual. Vuestros muertos no están ahí. Están lejos, muy lejos, a salvo de la vergüenza que supone ver, como el día que vas a llevarles flores y a rezarles en sus tumbas, las letras que salvaguardan del olvido su memoria, no están. Vuestros muertos no descansan en el final de la Calle Virgen de Loreto. Descansan en los pueblos de los que no sé porque salisteis, en los que vuestra incapacidad seguro que es notoria, en los que, a personajes tan oscuros como vosotros, me juego el cuello que no dejarían mandar ni en los casinos.
Esa es vuestra fortuna y nuestra pena. Que habéis venido a destruir el legado de nuestros ancestros y que vais a salir impunes. Que os habéis cargado nuestro futuro arreglando de paso el vuestro. Que cuando, con una mano delante y otra detrás, os sacó la asquerosa mafia socialista que nos acaudilla, de los confines más insospechados, la fortuna os sonrío.
Porque dígame, Excelentísimo Alcalde, ¿cuando iba a imaginarse usted, mientras podaba frutales, cavaba zanjas y plantaba rosales, que lo dejarían gestionar dos mil millones de pesetas?
Dígame, señor Anguas, ¿en qué delirio pensaba que lo iban a reverenciar, cuando lo tenían entretenido en el corta y pega, en el pinta, dibuja y colorea, de esa guardería de niñitos traviesos jugando a ser políticos, que son las Juventudes Socialistas?
Dígame, señora Herrera, ¿con la bata puesta, el walkman colocado y la fregona agarrada, pensaba que iba a prosperar tanto como para ser temida? ¿pensaba mientras aprendía a sumar y restar que, con algunas reglillas de ortografía son los grandes estudios que posee, que llegaría a decidir sobre el empleo de un pueblo?
Dígame, señor Vega al que, por cierto, tengo que recomendar que, en vez de perdonarme la vida con la mirada, cuando se cruce conmigo; en vez de odiarme mentalmente y desearme una infelicidad que no puede controlar, ponga esa gran pasión al servicio de su deficiente trabajo, para que, la próxima vez, quien tenga que abochornarme sea yo, pero porque ha arreglado el conflicto con nuestra Policía pues, habrá notado que, antes, a mi usted me importaba un pimiento que, por otra parte, es lo que, siempre, le ha importado usted a sus Jefes. Usted ha pasado a importarme cuando, porque es así, empezaron a dormir mis Padres con los pestillos cerrados, una silla atrancando la puerta y el teléfono móvil en la mesita de noche. Explíqueme, ¿cuando pitaba duelos de Champions como el Brenes-Cantillana, el Su Eminencia-La Liara, el Albaida-Mures, soñaba con tocarle el pito a diecisiete mil personas? ¿soñaba con sacarnos amarilla si le protestábamos? ¿soñaba con expulsarnos con ademanes chulescos?
En esas manos estamos. En las de gente cuyos imaginarios proyectos de vida han sido ampliamente superados. Los malos, no obstante, para muchísimos casos perdidos que, aún así, justifican tanto desmán, tanto palo al agua mal dado, tanta cortedad de pensamiento, tanta fracasada mandando, tanto incapaz con voz y voto, los malos reitero, somos los que criticamos, los que enseñamos impudicias ajenas, los que queremos una ciudad de primera en vez de una aldea de quinta.
Y a mi, que quieren que les diga, me la trae al fresco. Quiero lo mejor, para eso lo pago. Quiero que no haya protegidos. Quiero la igualdad. Quiero que, cuando repartan, no cuelen a los enchufados. Quiero el orgullo y la dignidad de nuestros abuelos que, cuando se montaban en los autobuses de la Cooperativa y llegaban al Mercado de entradores, hacían que, los que parecían catetos, eran los del Arenal. Lo de ahora, seré suave, es una risión. ¿Os suena, concejales socialistas, la palabra? En eso nos habéis convertido. En el choteo de los bormujeros, los tomareños, los ginencinos, los cameros y, hasta en el de los espartineros, que eran una pobre calle según el dicho y, los guzmaneños, que son una urbanización de tres mil habitantes.
Lo dejo ya, no quiero aburrirlos. Mis muertos bien ¿y los suyos?