viernes, 11 de febrero de 2011

Loperismo sin Lopera: se puede ser más corto

No se agotará mi capacidad de sorpresa. Nunca dejarán de causarme asombro los avatares de la vida. Iluso de mi, quise pensar que algunos pobres, una vez les demostrasen que, Manuel Ruíz de Lopera merecía ser juzgado por el supuesto saqueo del único que es Real y Balompié, rectificarían su posición defensora y, porque se es del equipo más que de quienes lo rigen, repudiarían a tan nefasto personaje. Pues nada, ni por esas. Les enseñen lo que les enseñen, les desmonten las teorías que les desmonten, les cuenten lo que les cuenten, su loperismo no está en duda. Primero un ditero y luego, su club. Claro, tampoco es tan extraño lo que ocurre parándose a cavilar, si tenemos en cuenta que, varias décadas después de muerto un dictador, Franco, aún continúa habiendo franquistas en España. Ojo, que yo no estoy diciendo que los loperistas sean franquistas. Aclaro para los maliciosos. Lo que hago es constatar una realidad: la pervivencia de los admiradores de los regímenes.
Normalmente, quien añora tiempos pasados es, por nostalgia de una época que, seguramente, fuese mejor en lo personal. No me cabe duda que, en el caso que nos ocupa, es así. A uno al que, sin tener ningún tipo de formación ni de capacitación, más que la paciencia infinita de leer y leer documentos en los archivos, lo hacen Historiador Oficial, por la cara y no precisamente por la bonita, no lo van a escuchar jamás, criticar a quien lo puso en el cargo. A un señor al que se le ocurrió fundar, una Asociación de Admiradores de quien mandó en la entidad heliopolitana, no lo van a ver nunca, decir una mala palabra de alguien a quien idolatró. A un caballero que compuso un pasodoble alabando a don Manué, no lo van a encontrar un día, censurando a quien le sirvió de inspiración. Máxime, cuando su manera de actuar es idéntica. Solo hay que ver que, en la web contigosiemprebetis.es, es administrador, director y redactor. No hay más cargos por eso no los ocupa. Como el acorralado inquilino, del edificio de oficinas de INCECOSA en la sevillana calle Jabugo.
Siendo consecuente con mi manera de ser, debería respetar la postura de este cartero metido a periodista, dice que imparcial. Pero como lo que se está tocando aquí, es un sentimiento que heredé de mis antepasados, es imposible tolerar la mínima argumentación, tendente a justificar la actuación de quien, según informes periciales, se llevó del patrimonio construido por millones de personas, a lo largo de ciento cuatro años casi, un considerable pico. No se puede y no lo voy a hacer. Menos cuando, lo que valía para un fulano llamado Luis Oliver -lucrarse a costa de su trabajo- no se le consiente a un icono como Rafael Gordillo que, lo único que está haciendo, es cobrar un sueldo que, encima, no va a salir de las arcas de la institución y que no lo va a hacer millonario porque, es seguro que, habiendo jugado en el Real Madrid y contando con más de setenta internacionalidades, hambre no se pasa. Porque las mentiras tienen las extremidades minúsculas. Al vendaval quien le ha puesto soldada es la Justicia. Quien le tendrá que pagar, nunca será el dueño del Villamarín... ni quien se sienta en sus butacas. Se ve que, tanto leer legajos nubla la vista. ¿No decía que ofender al Presidente era ofender al Betis? O, ahora no vale aquello de que, a quien preside el Palco de Honor, hay que defenderlo porque nos representa a todos. ¿Para el cuchara, el de la gomina y el prestamista, sí? ¿para Galera y Gordillo, no? ¿en qué quedamos?
Curiosamente, sobre aspectos más censurables, como el menosprecio a los históricos de la causa, gente del peso de Cardeñosa, de Luis del Sol, de Lorenzo Serra Ferrer, de Alfonso o de Hipólito Rincón, no opina esta eminencia del pasado. Sobre que los cuantiosos ingresos se desviasen a empresas que no hacían nada, nada tiene que decir este lumbreras. Sobre contratos leoninos que hipotecan el mañana, no tiene parecer. Sobre la monumental deuda, guarda silencio. Sobre el maltrato al aficionado, no comment. Podría enumerar, punto por punto, temas más candentes y más cruciales, pero no lo haré. Para qué serviría.
Me da lástima, lo tenía por justo, por cabal, por hombre de fútbol. Veo que me equivoque. Usted, Manolo Carmona, por desgracia para si mismo, no es merecedor de ser algo que, en el subconsciente de media ciudad, es símbolo de grandeza. Usted y los que son como usted, no son béticos, son las tristes marionetas de un beato, que solo pensó en como quedarse con el cepillo mientras iba a misa.