sábado, 12 de febrero de 2011

Anécdota anti-tabaco

Verídico, que diría el gran Paco Gandía. Les ubico:
Centro de la ciudad. Señora con su niño sentado en el carrito y conversación alegre con prójima, de buen ver. Vecino de edad no precisable, pertrechado con magnífico abrigo gris marengo y con puro de considerables dimensiones, pasea ufano y ajeno al trajín mañanero. Enorme humareda en torno al varón cuando, de improvisto, le suena el teléfono y se para en seco, a la altura de las hembras, para mirar en la pantalla quien llamaba. Descuelga y comienza a hablar, quedando detenido junto a las señoras, eso sí, dándoles la espalda.

Entonces sucede esto:
La portadora del cochecito infantil le toca el hombro, mientras le señala el habano y le indica, asperamente, las molestias que las volutas ocasionan a su crío.

Ahora viene lo bueno, la respuesta de un tocado por la gracia de Dios:
"Si no quiere que le moleste el humo, métase en un bar."

No precisa más aclaraciones. Memorable.