domingo, 13 de febrero de 2011

El régimen

En nuestro pueblo hay un régimen, no le den más vueltas. Como en Cuba, como en China, como lo había en México, como lo hubo en Italia, en Alemania o en España. Sí, con todas las letras: un régimen. No he escrito dictadura. No soy tan tonto como para hacerme el harakiri y darle el motivo que necesita para denunciarme, al busca ruinas a sueldo, al abogadito ecologista, al medio pensionado de los cuatrocientos talegos al mes. Sí a usted, que se que me lee intentando encontrar el hueco para colocarme una querella. Sí a usted, que tiene genes de derecha y, más peligro que un mono (chiste fácil) con una ballesta.
Un régimen decía y, en los regímenes, solo viven bien los allegados, los adeptos, estómagos come mierdas que, encima, son tan golfos que, a cara descubierta, refriegan su fortuna al resto del mundo. Que hay una Escuela Taller con sueldecito incorporado, para los familiares de mis amigos. Que hay que dar privilegios en el uso de pistas de fútbol-sala o padel, para el club creado a propósito por los colegas. Que hay que privilegiar un deporte, el judo, con monitores tan bien pagados como los de nuestros olímpicos, veinticuatro mil euritos al canto y oigan, lo que hagan con esa pasta, no lo podemos controlar como entenderán. Que hay que llenar un autocar para una excursión con almuerzo de balde, para los míos. Que tiene que ayudarse a una Asociación a crecer, se le subvenciona un local y se mira para otro lado, con la licencia de su bar, aunque compita ilegalmente con el resto de emprendedores. Que se queda parada la hija o el hijo de uno del partido, se lo mete y se le asegura el comer, con una oposición tele-dirigida. Que la cosa se pone fea, se saca una revista y se lanzan proclamas y vivas a go-go.
Luego, se disfraza de legal, buscando todos los subterfugios para hacerlo. Bases, reglamentos, procedimientos, códigos... Y, si no les gusta, denuncien. Entenderán que, el ciudadano anónimo, lo de emprender una cruzada contra su Ayuntamiento, no lo contempla como opción porque es largo, es costoso, no garantiza nada y predispone en contra. Jugada perfecta.
Lo malo de los regímenes es que se acaban. Al de nuestra Villa, sin ir más lejos, se le empieza a poner cara de muerto. Normal, ya no le caben más golfadas de puertas adentro. Lógico, no hay un duro y, al vecino, no se le puede apretar más porque, más de lo que se le quita, no se le puede quitar. Porque se le quita, lo más grande.
Lo principal de lo sustraído es seguridad. Si uno quita del cortijo el doberman que ladra, los malos saben que, en ese, es en el que tienen que entrar porque, por lo menos, si los pillan no les muerde ningún perro. Cambien el can por la poli y cuadran el problema de nuestra casa.
Lo siguiente en importancia, es la comida. Si uno quita la única manera independiente de colocarse y obtener un salario, al habitante, solo le quedará ir al consistorio a mendigar. Una vez logrado eso, quien manda pasa a ser cacique y de su graciosa dádiva, dependerá el sustento y el pago de las letras, de honrados padres de familia. Ese fue el motivo, por el que se largó a los dueños de Inés Rosales con tanta prisa. Quien depende de un jornal, no mosqueará en la vida a quien se lo da. Cuenten cuantos trabajadores tiene la administración local. Es razonable que de sus bocas solo salgan palabras de amor y que su voto esté decidido.
Podríamos seguir pero haríamos esto extenso, pesado y deprimente. Lo es. Son treinta años de mamoneo y compadreo. Dan para muchas anécdotas y para muchas historias.
Así son los regímenes y, por eso, es de recibo catalogar de ese modo, el tipo de gobierno que tenemos, en nuestros dos kilómetros cuadrados de término. Un régimen socialista, obrero y español, por los cojones. Lo grave es, que aquí, quien manda, no es un militar, con lo socorrido que es eso, a la hora de hablar de autoritarismo y de quita de libertades. No, en la capital de mi maravillosomundo, no mandan los coroneles como en Egipto o en Libia. Aquí manda un jardinero y una limpiadora. Deduzco que a esto se referían, cuando nos hablaban de igualdad, paridad e integración. Los modos, no obstante, son los mismos. Dentro de este PSOE, está mucho de la Falange de Franco. Qué podía esperarse, con esa escuela. Hacen lo que saben hacer.