lunes, 14 de febrero de 2011

El heraldo de Brasil

Se va a los treinta y cuatro años, Ronaldo, uno de los dos mejores centro delanteros que vi, en todos mis días de aficionado. El otro fue Hugo Sánchez. Lo hace porque, según ha explicado, su cuerpo le ha abandonado. Más bien parece lo contrario. Fue él quien, hace años, entregó su castigado físico y, en lugar de cuidarlo como hacen muchos deportistas, alimentándolo correctamente y dándole su descanso, lo tiró a la buena vida. Los genios son así.
A Ronaldo, los libros lo pondrán en el sitio que merece, junto a los más grandes. Un tipo que, entre otros logros, tiene dos balones de oro, otro de plata y otro más, de bronce; un señor que, a los tres FIFA World Player, fue capaz de arrimar, una bota de oro, dos Pichichis, un once de oro y el trofeo Bravo; un futbolista que es, máximo goleador de la historia de los Mundiales, no cae en el olvido. Y menos, con la lista de títulos que ha juntado, en sus años de profesional en Cruzeiro, PSV, Barcelona, Real Madrid, Inter, Milan y Corinthians, amen de en la Selección de Brasil. ¡Casi ná!
El gordito ganó lo más grande: Dos Campeonatos del Mundo, dos Copas América, una Confederaciones, el Bronce olímpico... Una Recopa, una UEFA, dos Súper-copas de Europa, la Intercontinental y el Mundial de Clubes... El Paulista, el Mineiro, dos Copas de Brasil, una Copa holandesa... Y Liga, Copa y Súper-copa españolas. ¡He dicho algo!
Por eso, ahora que se pira, en la previa de ese Carnaval que lo tuvo loco siempre, me ha dado por pensar que nunca le agradecimos, ser, quizás, la primera gran estrella que vino a España tras Maradona y que, al abrir la puerta y pasar, el despliegue mediático que arrastraba, enseñó al mundo que, en nuestro país, se jugaba a la pelota muy bien, a diferencia del aburrimiento que era el Calcio y de lo directa que era la Premier.
Cuando pasen los años, su oronda figura tendrá el cariñoso recuerdo que, ahora, le quitan sus muchas juergas y su poca disciplina. El caso de Best, me hace verlo de ese modo. Entretanto, me quedaré con el regusto de su inteligencia de depredador de área, pero, sobre todo, lo haré con el dato del párrafo anterior: Fue el heraldo del jogo bonito en el territorio de la furia. Ahí es nada.