miércoles, 16 de febrero de 2011

La lista del PSOE (2)

Como dijo un hombre sabio: "Decíamos ayer."
Y decíamos ayer, que la lista era del tebeo. Sin anestesia. De historieta de Mortadelo y Filemón. Compuesta por personas, sin peso específico en la vida pública castillejana, sin experiencia demostrable en política o con poca y sin responsabilidad, con una trayectoria profesional, corta por no decir nula y, donde en la mayoría de los casos, no constan puestos de importancia. No, al menos, tan transcendentes como gobernar sobre diecisiete mil ciudadanos, gestionando dos mil kilitos de las antiguas pesetas.
Dirán ustedes que, Botín, Amancio Ortega o Florentino Perez no van a venir a presentarse. Cierto. Pero, convendrán conmigo que, al igual que no confían las decisiones de interés y transcendencia en sus casas, a los niños, aquí, en la común, no tiene lógica alguna que, quienes pretendan hacerlo, sean críos que, en el mejor de los casos han acabado la Universidad. En el peor no saben hacer la o con un canuto.
Prueba de que lo que escribo es así, fue la asamblea donde se confeccionó la lista. Les doy los datos:
Asistentes, ochenta y cuatro.
Votos sí, cuarenta y ocho.
Votos no, doce.
Votos en blanco, veintitrés.
Votos nulos, uno.
¿Qué quieren decir estos guarismos? Muy simple.
En garbanzos y chícharos que, treinta y cinco personas de ochenta y cuatro presentes, no lo tuvieron claro. Unos dijeron que esto como iba a ser y, los demás, prefirieron no señalarse pero tampoco les dijeron que sí, que estaban aptos. Al que se equivocó votando, que digo yo que no se votaría como en el Senado, ni se contarían los votos con un programa informático, ni tendría aquello un protocolo como para errar, a ese, no lo considero. Los calificativos sobre el personaje los dejo de su cuenta. Muy espabilado no es, desde luego, eso sin dudar. Equivocarse en esto, que es más fácil que la tabla del cero, no lo deja en buen lugar. Le auguro éxito si se ofrece a ZP. Los cuarenta y ocho favorables, para más inri, tienen una interpretación terrible, si nos paramos a comprobar que, la candidatura socialista, la conforman veinticuatro que, es obvio, se votarían a sí mismos. O sea que, de casi ocho decenas y media, solo dos y media, descontados sus propios votos, confían en los que nos envían al examen que son las Elecciones de Mayo. Como para que confiemos los demás.
Ellos lo verán como lo más normal del mundo. Tengan en cuenta que, lo de no tener narices de ponerse de acuerdo, no es de ayer. Llevan años a la greña, porque no se pueden ver entre sí, hagan el papel que hagan, de ahora en adelante. Por eso, no deberían de estar extrañados, con la reacción de una calle de la que llevan riéndose mucho tiempo. Convendría no se diesen por vencedores tan rápido.
Mañana más.