sábado, 5 de marzo de 2011

Un obrero español en Alemania

El pasado verano, tras dos décadas de trabajo duro, en una empresa a la que llegó de meritorio y, en la que había alcanzado el grado máximo, un viejo conocido de todos, decidió hacer la maleta y emprender el difícil camino de la emigración. Se fue -como no- a Alemania, la tierra a la que, muchísimos de sus compatriotas, había llegado en los años sesenta y setenta. La compañía que lo contrató, no tenía ni el prestigio ni la historia de la anterior. La ciudad que lo acogió, ni de lejos, atesoraba el glamour de la que le había servido de hogar, desde que nació. En el colmo de los colmos, tampoco la retribución mejoraba su soldada previa.
Todo esto a cualquier españolito de a pie, con el riñón cubierto de billetes, con dos vidas resueltas, como es el caso que nos ocupa, lo hubiese empujado a quedarse sentado, cómodamente, en el sillón de su salón. Pero a Él, no. A Él, todas estas circunstancias, le sirvieron de acicate, de estímulo. Por eso, hoy, me alegro de sus éxitos y hago míos sus triunfos. Hablo, para los que no lo hayan deducido, del ciudadano Gonzalez Blanco, don Raúl, flamante finalista de la Copa teutona de fútbol, con su equipo el Schalke 04.
En el ocaso de su carrera, lo que podía esperarse de un icono como el futbolista de la Colonia Marconi, era la búsqueda de un retiro dorado en un país exótico. USA, Emiratos árabes, Japón... que se yo. Creo que, en cualquiera de esos destinos, hubiese sido recibido como un héroe y, entre partido de golf y partido de golf, entre recepción y recepción, se hubiesen consumido sus días, en la seguridad de un retorno cargado de dólares. Pero, entonces, no estaríamos hablando de un tipo con un currículum que asusta.
Este tipo de personas, necesitan retos que les hagan sentirse vivos y, la perspectiva de verse, joven, lleno de energía, capaz aún, rodeado de elefantes trotones, en busca de sol, fiesta y buena vida, no le sedujo lo más mínimo. Y bien que se lo agradecemos.
Porque, Raúl, es un icono más allá de sus registros. Raúl, es el ejemplo de que, con esfuerzo, con tesón, con ánimo, todo es posible. Quien podría imaginarse que, en la televisión de nuestro país, iban a poner un partido de copa germano, en horario preferente, en directo. Quien podría imaginarse que, además, la retransmisión sentase frente a las pantallas, a más de un cuarto de millón de futboleros. Quien podría imaginarse que, el gol decisivo, lo marcase, el ex-madridista. Solo unos pocos locos, como quien firma, que nunca le perdieron la fe, nunca le perderemos la estima y, a quienes, la sola mención de su nombre, nos inspira honradez.