miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Wikileaks? No, gracias

Recibo una llamada, desde un número de teléfono oculto, a eso de las doce y media de esta mañana. Tras descolgar, se dirige a mi una persona que, con evidente nerviosismo, me interroga sobre si, el menda, es quien escribe en este sitio que nadie lee. Respondo afirmativamente y solicito, en justa reciprocidad, se identifique ella. Me señala que no lo va a hacer pero que tiene una información que darme, según su criterio, de sumo interés para que la publique aquí. Contesto que no estoy interesado y me despido.
No habían pasado ni dos minutos cuando, nuevamente con un guarismo desconocido, vuelve a hacer ring mi i-phone. Con desgana, pulso el botón verde y, la misma chica, vuelve a hablarme explicándome que trabaja en el Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta, en una dependencia que no viene al caso especificar. Insiste en contarme una interioridad y, en correspondencia, insisto en no querer saber nada hasta que no me de nombre y apellidos. Es muy grave y creo que debe escribir sobre ella, dice. Si es tan grave, digo yo, denúnciela, para eso tenemos los juzgados. Antes de llamarme cobarde y cortar, me suelta y se queda tan ancha, que "creía que tenía más cojones".
Y, como no le he podido replicar ni media, porque me ha dejado con la palabra en la boca, aprovecho que me sigue, para que sepa una serie de cosas sobre mi y, de paso, advierto a otros que quieran recorrer la misma senda, para que les quede claro, diáfano o cualquier otro calificativo que quieran emplear, que ni esto es Wikileaks, ni se le va a parecer en la vida, porque:
Uno. No soy el guardián de la Villa.
Dos. No vivo de esto.
Tres. Solo escribo de lo que me da la gana.
Cuatro. Las guerras particulares de cada cual, son eso, particulares.
Cinco (sin premio). Los chismorreos privados no me interesan.
Seis. La valentía no se demuestra con el anonimato y la crítica clandestina.
Siete (y último). De cojones hacemos un mundial y, mínimo, estoy en el podio con otros dos blogueros de esta población.
Espero haberme expresado, con una prosa, lo suficientemente accesible al gran público.
Hoy no hay más.