lunes, 14 de marzo de 2011

Que incómodos son, los tipos que dicen su verdad sin miedo

No creo que tengan el mínimo problema en hacerse con uno, de los magníficos ejemplares del boletín de la Hermandad de la Calle Real. El de este mes de Marzo, hace el número ochenta y uno, que se dice pronto, veintisiete tacos de Historia. Lo mismo, muchos de los que ahora pertenecen a la Corporación Municipal, ni siquiera sabían donde se encontraba Castilleja de la Cuesta, provincia de Sevilla, cuando nació esta publicación en la que me permiten firmar.
En las páginas de la última edición, encontraran dos textos que están escritos con el corazón en la mano, desde la tristeza que da, querer a algo con todo tu ser y ver, porque es así, se pongan como se pongan, lo vendan como lo vendan, lo disfracen como lo disfracen, que intentan usarlo, interesada y retorcidamente. Son dos artículos firmados por José Pinto, Hermano Mayor y Francisco Javier Martín. Ya en su día, siete de Diciembre del pasado año, previas gozosas de la Purísima, les conté como veía el asunto, en esta negra página. Ni una coma tengo que tocar, pienso lo mismo. Quien está claro que ha cambiado de parecer, es quien reparte bastones, honores, reconocimientos. Quien manda en la población, vaya. Ayer, no sabía no contestaba; hoy, tiene una prisa desmedida pues, a la vuelta de la esquina, hay unas Elecciones y, el número de hermanos de los celestes, es tan numeroso que no conviene mosquearlos mucho. No vaya a ser que les de por pasar factura. No vaya a ser que les de por votar, considerando el gesto hacia su devoción primera.
Escribo sobre estos dos escritos porque, a muchos, les parecen duros, crueles, inapropiados. Y, a mi, que saben que tengo un camino propio, que voy por libre, que no le vendo mi conciencia a nadie y, muchísimo menos, a cambio de un plato de lentejas, me parece, fíjense, que son suaves, educados, correctos, contenidos, blandos... para lo que podían haber soltado. Porque vamos a lo de siempre: Que hay que pensar, lo que digan desde el Ayuntamiento. Que hay que decir, lo que quieran oír sus oídos. Que hay que estar, callado y tragando, aunque te toquen lo que más te duele.
Ojalá hubiese más gente, que estuviese dispuesta a señalar lo que no les gusta, lo que, a su juicio, no está bien. Esos son los que nos pueden hacer evolucionar. De mansos y serviles, con perdón, estamos hasta la entrepierna.

Post data: No voy a aceptar ningún tipo de sugerencia, ni de lección de abogaditos fracasados. Reitero que, las cuitas personales, se deben arreglar en el ámbito privado siempre que sea posible; entre los interesados y sin testigos, mejor que mejor. Este sitio -es lo que hay- es exclusivamente de mi uso y disfrute.