martes, 15 de marzo de 2011

Un Tsunami en el país de Torrente

Vaya por delante, mi solidaridad más absoluta con Japón y sus habitantes. Los caprichos de una naturaleza, cada vez más inquieta, se han cebado con una nación que es ejemplo en multitud de aspectos. De eso va este negro recuadro, así que, quien venga por su papelina de morbo diaria, tendrá que agenciársela en otra esquina. Hoy no tenemos mercancía.
Al lío. Tengo un pensamiento que, desde que saltó la noticia, se ha hecho incertidumbre primero, miedo después y certeza, finalmente. Me refiero, obviamente, a las consecuencias que tendría, en España, un fenómeno meteorológico como el vivido a orillas del Pacífico. Imaginaba, la dificultad de coordinar las diferentes fuerzas existentes, con tanta comunidad autónoma, tanto organismo y tanto indocumentado mandando. Imaginaba, a nuestros principales líderes políticos, culpando al contrario de la gestión del asunto. Imaginaba, las peleas por víveres, por sitios en los refugios, por simplezas como una manta o ropa de repuesto. Imaginaba, el pillaje en los comercios. Imaginaba, la picaresca de personajes sin escrúpulos, especulando con el precio de los artículos de primera necesidad. Imaginaba, el desorden que reinaría, el caos. Imaginaba, un sálvese quien pueda colectivo, con unos aeropuertos donde, será por imaginar, aprovecharían para ponerse en huelga los irresponsables de turno.
Mientras imaginaba, como les digo, dudando al principio, asustado más tarde y convencido, finalmente que, el escenario descrito, sería perfectamente posible, recordaba las imágenes que nos llegan del país del Sol naciente, donde, la previsión, había preparado a su población con planes de evacuación que se estudiaban en los colegios y que, juro que lo he escuchado, se observaban vivienda a vivienda. Donde, ciudadanos anónimos, han ocupado pacientemente, los espacios asignados a la espera de la llegada de sus salvadores. Donde, se ha evacuado un espacio con un perímetro de cuarenta kilómetros cuadrados, en horas. Donde, a un único mensaje, se ha sucedido una respuesta coordinada y ejemplar en su cumplimiento. Donde, el vecino, ha entendido que, los nervios, las protestas, la tensión y la precipitación, no traían más que incremento del desastre. Donde, las colas para el socorro, se han organizado tan rápida y eficazmente que, su sola visión, causaba sorpresa. Donde, ni Dios, ha intentado hacer negocio de la desgracia. Donde, ha quedado diáfano que, la disciplina, el rigor, el sentido de trabajo en equipo, sin cuestionar al líder, obedeciendo sin más, eran la única solución posible.
Ahora, discurran, sobre lo que nos parecemos los japoneses y nosotros. Ellos, organizados, calculadores, previsores, altamente resolutivos. Nosotros, Torrente. Como para no tener los dedos cruzados y no estar intranquilos.