lunes, 21 de marzo de 2011

Con Carmen estas cosas no pasaban

La invocan, como los béticos invocamos, la Santísima Trinidad compuesta por Don Luis del Sol, Don Rafael Gordillo y Don Alfonso Perez Muñoz. Permanece en su recuerdo porque, con ella, los días eran más azules, el Sol siempre brillaba y, la tranquilidad, presidía su labor.
Carmen, la gran Carmen Tovar, era la jefa suprema de una Castilleja, donde no se movía un varal sin que ella lo supiese. Carmen, la prima Carmen para algunos y algunas, sobre todo algunas, jamás hubiese consentido estos escándalos. Carmen, hubiese arreglado lo de la Policía en un periquete. Carmen, la que iba a ser Ministra, nos trajo IKEA y el NISA, donde vienen al mundo todos los niños de Los Remedios. Carmen, la que llamaba Manolo a Chaves, mientras este la miraba embobado, tenía el pueblo como los chorros del oro. A Carmen, jamás la hubiesen denunciado por, supuestamente, llenar el tanque de balde. Y así, hasta que se acabe este negro folio virtual.
Claro, solo falla un detalle. Igual que los nostálgicos del franquismo, son los que vivían como Dios, los que lloran por los días perdidos, son los que, con el cambio, han perdido calidad en su existencia. Porque, con la hoy Delegada de la Junta en Sevilla, sucedían exactamente estas mismas cosas pero, con una sensible diferencia: no transcendían.
No lo hacía porque, había más gente en el ajo, había más pasta para tener personal entretenido, en la falsa idea de importancia de su cometido y, no había tanto parado sufriendo mientras, en su cara, los favoritos del poder, se comían la tarta.
Afortunadamente, mi memoria no es tan corta como la manga de una camiseta de tirantas. Afortunadamente, tengo mis escritos a la vista de todos y, con solo repasar, los casi cuatro años de esta aventura cibernética, cualquier vecino, llegará a la conclusión de que, no era tan limpia el agua cuando bajaba del monte y, bien que lo decía este humilde menda. Afortunadamente, no le debo nada, ni a Carmen ni a estos y, mis palabras, brotan de un sentimiento de dolor, por el maltrato al que someten a mi Villa de mi corazón. Afortunadamente, no estuve en el asunto y no estoy sometido a la Omertá.
Por eso no lloro por ella. Por eso no la extraño. Porque se como era y, sobre todas las cosas, porque, quien amamantó en sus ubres a estos personajes que ahora padecemos, fue ella.
No vayamos a sacar a hombros, a quien no toreo más que becerradas. Que siga la vida que, segundas partes, como dice el sabio refranero hispano, no fueron recomendables nunca y, a quien les suelte esta frasesita, mírenlo con lástima. Con la misma que se mira, a quien llora por el rey que marchó al exilio porque, la solución, no es que cambie la cabeza que porta la corona para que la gracia nos señale. La solución, es que cambie hasta que seamos todos iguales o, que desaparezca.