jueves, 24 de marzo de 2011

Izquierda Unida, Libia y el no a la guerra

Del no a la guerra, de llenar las calles de manifestantes, de movilizar, en torno a un pacifismo de mentira, a la sociedad española, Zapatero, el cuestionado líder del PSOE, ha pasado a pedir al Parlamento, autorización para que el Ejercito de nuestro país, participe en la guerra de Libia. ¡Toma ya! Para que luego digan que es imposible la cuadratura del círculo.
Lo ha hecho, además, cuando nuestros militares ya habían iniciado su participación en este conflicto. ¿Se imaginan que la Cámara hubiese dicho nones caracoles? Ha logrado la bendición parlamentaria, apoyándose en un Partido Popular que, como en aquellos días, da su placet a la intervención armada. Y, aunque la postura oficial intente mantener la coherencia en el argumentario, ayer y mañana, pensaremos igual, lo cierto es, que los voceros oficiales, poco han tardado en salir a criticar el giro de quienes nos gobiernan, sin detenerse a discurrir que, es igual de incoherente, decir una cosa de puertas adentro y otra de puertas afuera.
Es curioso, se han puesto de acuerdo los principales partidos políticos españoles, en una cuestión que, mayoritariamente, causa rechazo en el ciudadano anónimo. Luego, no querrán que haya desafección. Como para que no la haya, con la desconexión que existe entre quienes tendrían que servirnos y el resto de paisanos.
En este tema, si quiero ser justo, los únicos que han mantenido una postura coherente han sido, los miembros (y miembras) de Izquierda Unida. Si se hubiesen metido en alcohol y saliesen hoy, del líquido elemento, les seguiría estando bueno el traje que dejaron en el perchero. Podrían ponérselo con la misma pegatina, enarbolar las mismas banderas, exhibir pasadas pancartas y gritar las mismas consignas. No al uso de la violencia, no a las soluciones con armas por medio, no al belicismo. Podrá estarse o no de acuerdo con ellos pero, por lo menos, son los únicos que no han subastado su posición y, eso, como está el patio, es de agradecer porque, denota firmeza en las convicciones y convencimiento en los planteamientos.
Así que, solo queda que se arregle este entuerto internacional, que sea cuanto antes mejor porque, lo verdaderamente importante, es privar de sufrimiento al pueblo de esa nación soberana. Entretanto, nos quedaremos con la singular estampa de dos bancadas irreconciliables en todo, que pulsaron el botón del sí, para hacer el mayor de los ridículos y quedar como unos simples oportunistas.