viernes, 25 de marzo de 2011

Que no es por no ir... pero ir pa na

Así de simple. Mejor que José Mota, no lo voy a explicar. Esa es la conclusión que se saca, luego de ir a los plenos del Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta. No se entera uno de nada. No ve más que gente intentando comerse a otra gente, para que luego digan que perro no engulle carne de perro. No se aprende (salvo cuando toman la palabra Tomás Arias o Teresa Lora). No es edificante. Es un espectáculo vergonzoso donde, el rodillo socialista, impone sus ideas. La prostitución de la Democracia. Hablad, decid lo que queráis que, al final, se va a hacer lo que quieran mis bemoles. ¿Cuantas manos podéis levantar como máximo? ¿Cinco? Lo siento chicos, habéis perdido. No necesitamos ni venir todos. Aunque lo que propongáis esté bien expuesto y bien argumentado. Da igual. No vale porque lo habéis traído vosotros. Que os den.
Y, de esta guisa, se consumen los días y se va muriendo, poco a poco, un pueblo que era la envidia de toda una comarca. Pero, claro, de eso no vamos a hablarle a un tipo de Setenil, a una tipa que de la fregona, ha pasado a gestionar dos mil kilitos y a la colección de borregos y borregas, que los aplaude, que los jalea, que los protege, que los defiende y que está ahí, solo por el sueldo, porque nuestra Villa les importa un comino.
A mi, a título particular, me resulta hiriente que quien tendría que ser, Alcalde de todo un vecindario, falte al respeto a la parte que no lo vota. Eso y no otra cosa, es lo que sucede cuando, a las lícitas críticas que conlleva la labor de oposición, se responde con chulería, despotismo, prepotencia y superioridad. Cuando no con insultos, como el homófobos, que le ha soltado a la bancada popular, la triste y amortizada ni-ni, que responde al nombre de Rosa Guillén y que, por suerte para todos los castillejanos, en Mayo, se va a ir a su casa, lugar del que no tenía que haber salido porque ni tiene educación, ni respeta a los que piensan diferente, ni sabe donde está en pie. Hasta hoy, no había abierto la boca en la Cámara donde se debaten nuestros asuntos. Porque, para hablar pamplinas, estaba mejor calladita. Además, con el circo a varias pistas en que ha convertido la Casa de la Cultura, no era para menos. Habló y subió el pan (la luz, la gasolina y el gas, ya se encarga de que suban su jefe, don ZP de León).
Por eso, hoy, cuando a un ciudadano que no ha podido reprimirse un comentario en voz alta, se le ha amenazado con el desalojo, afeándole sus colores políticos, he decidido que no voy a volver a sentarme en la tribuna de los espectadores, mientras un hooligan siga presidiendo. Porque eso, Manolo Benítez, es lo que ha demostrado ser usted. Pasar por alto una ofensa como la de su compañera y saltar como un energúmeno con una fruslería, es de ultra futbolero. De hooligan, de radical con una mirada de odio que da miedo y no de servidor público. Alguien al que no cuesta trabajo imaginar, negando un chusco a un hambriento, si no lleva un pin con un puño y un capullo.
Ahora, véngame con el cuento de la tolerancia, con la vainada del talante y con el rollito del buen rollito. Véngame a mi, que lo tengo calado. Véngame a mi, que le he visto opositar al Oscar a la mejor interpretación en la calle. Ese, el de ahí dentro, es usted y esos, los que se sientan en esos mullidos sillones a su vera, son sus compañeros de paseo. Lo peor que le ha podido pasar al conjunto de calles que había y hay, al final de la Cuesta del Caracol.
Concluyo como empecé: no es por no ir, pero ir pa na... es tontería. Se está más a gusto, tomándose una tostá y leyendo el Marca al solito. Para ver circo, tenemos Telecinco donde, por lo menos, se debate con más humor.