sábado, 9 de abril de 2011

Sobre la ausencia de sociedad civil

Es una realidad incuestionable que, en los sitios donde la gente tiene la capacidad de juntarse, de aglutinar intereses, de hacer piña, en garbanzos y chícharos, es virtualmente imposible que, quienes les gobiernan, caigan en la tiranía y el despotismo.
¿Por qué? Simple.
Donde se articulan movimientos al margen del poder para crear, para observar, para debatir, para lo que sea, la sociedad da muestras de madurez, da muestras de ser independiente, da muestras de fortaleza en las relaciones interpersonales y de haber tomado conciencia, de la verdadera importancia del ciudadano que es, aunque muchísimas veces no lo parezca, el destinatario final de las decisiones políticas.
En la Castilleja de nuestros días, gran parte del problema se solucionaría si, aparte de las Hermandades, hubiese foros de discusión donde la población, conociese y asumiese, sus deberes y derechos. En esos espacios, aparte de aficiones y gustos, se fomentaría el conocimiento y el cariño a lo propio, entendiendo como tal, el conjunto de calles, casas y personas que conviven en un territorio común, anexas a lo privativo o particular.
Es obvio que esto, a quienes rigen nuestros destinos desde la Casa Grande de la Calle Convento, no le interesa y, para evitar el verdadero objetivo con el que nace cualquier tipo de movimiento asociativo, posee una serie de mecanismos que activa en cuanto, de la nada, surge una iniciativa alternativa. Veámoslos.
Como participante en la fundación de cuatro asociaciones, el primer problema al que me he tenido que enfrentar, es lo complicado que resulta inscribir en el registro municipal creado a tal fin, cualquiera de mis criaturas. Quien no haya tenido que cumplimentar unos estatutos, quien no haya tenido que enfrentarse a la burocracia, quien no haya, en suma, tenido que legalizar, no es consciente de las trabas que se ponen, a los inquietos que quieren caminar con los papeles en regla. De ahí que, una vez superados estos escollos, que en el ámbito de actuación local, se sumen otros papeleos igualmente procelosos, resulta cuando menos sintomático, de la nula colaboración que va a recibirse de la Administración más cercana.
¿Qué se pretende con esto? Fácil. Se quiere controlar la aparición de posibles focos opositores.
Si, aún así, superas esta última barrera, tendrás que enfrentarte a la más terrible de las indiferencias en cualquier actividad que pretendas realizar. Eso, cuando no te contra programen o, directamente, como fue mi caso, hagan lo posible por evitar la participación del mayor número de vecinos, negando el disfrute de Casa de la Cultura, Centro Cívico, jardines o Polideportivos o -es grave- retirando la cartelería que anunciaba los eventos.
De ahí que, para que se consolide cualquier invento de este tipo, la colaboración de nuestro Ayuntamiento sea primordial. Analicen cuales son las opciones que han prosperado de la nada y quienes están detrás de ellas. En un gran porcentaje, son ex-concejales, militantes o afines al Partido Socialista. Hablo de asociaciones pseudo-culturales, como la Rafael Bellido; asociaciones de mujeres, como AMFE o Tarazana donde, a sus Presidentes, pocas veces los van a ver posicionarse en contra de esta manera de llevar la Villa, cuando no los van a ver, haciendo bellas alabanzas a nuestros sucesivos Alcaldes. Así, gozan de la mayor asignación en subvenciones, gozan de espacios donde trabajar e, incluso, de no-dos con los que contribuir a la propagación del pensamiento único, el correcto.
Se que es duro lo que cuento. Se que, algunos de los que participan, no son conscientes de esto. Es lo que hay. Mientras en la capital de nuestro maravillosomundo, no sea posible participar en organizaciones no politizadas, no existirá la verdadera Libertad. Denunciarlo, como lo estoy haciendo, debería ser el primer paso para acabar con movimientos cuya génesis fue, en algunos casos, contrarrestar otros previos y, en otros, impedir iniciativas parecidas. Ahora, a recibir palos. Esta vez espero que, al menos, argumenten y no se queden en el insulto anónimo.