miércoles, 4 de mayo de 2011

¿Para qué sirve un interventor?

Llevo votando en diferentes elecciones desde hace dieciocho años. En todo este tiempo, mi papeleta ha servido para elegir a nuestros representantes en el Parlamento europeo, el Parlamento nacional, el Parlamento autonómico, el Senado y en la Casa Grande de todos los castillejanos. Voy a repetir esta última parte: la Casa Grande de todos los castillejanos. A ver si, así, toman conciencia quienes nos mandan, que ese edificio, esas paredes techadas, son tan mías como suyas y que, desde allí, se debe gobernar para todos los vecinos y, si eso, por las circunstancias que sean -que no caigo ahora mismo cuales pueden ser- no es posible, lo que es intolerable es que se haga en contra de.
No iba por aquí esta mano, así que, doy un volantazo y vuelvo a encarrilar, este vehículo de comunicación entre ustedes y el menda, esta negra página tan criticada pero sin la que, ni ni-nis ni koalas pueden vivir, para retomar el hilo.
En todas estas jornadas electorales, siempre, pero siempre siempre, cuando enfilaba el camino de las urnas transparentes de plástico, observaba atónito como, con un censo de votantes, una serie de señores, tomaba nota de mi nombre y apellidos, amen de mi de ene í, para comprobar, a la misma vez que Presidente y Vocales, que, servidor, tenía derecho a hacerlo. ¡Como si sin figurar en su listado pudiese quedarme sin meter mi sobre en la caja! ¡Como si ellos fuesen jueces en ese pleito! Al principio, iluso de mi, pensé que eran necesarios y me impresionaba su sesuda dedicación. Más tarde, teniendo la posibilidad de acompañar a otros familiares a sus respectivos colegios, noté que, en otras plazas, ellos no estaban y, el invento, seguía funcionando con normalidad.
Pasó la vida y, cierta vez, teniendo la posibilidad de interrogar a un iniciado en estos menesteres, le descerrajé la cuestión: ¿Para qué sirve un interventor? La respuesta, lejos de convencerme, me reafirmo en lo prescindibles que son, ciertos actores que, sin merecer si quiera subir al escenario, se arrogan un papel principal.
Los interventores no sirven, mas que para ejercer la comisaría política de sus respectivos partidos. Sin ellos, puede haber perfectamente comicios. Pero voy más lejos, muchísimos de los líos que, a pie de buzón se suceden, tienen como protagonistas a unos tipos que, no digo todas, pero sí un gran número de manos, provocan incidentes tales como, colocar las papeletas de sus líderes sobre las de los demás, ocultándolas de la vista del incauto ciudadano; marcar sutilmente las del adversario, para poder impugnar más tarde; condicionar con su presencia, convenientemente señalizada con una identificación exhibida sin pudor, el sufragio del amigo o, y esto lo reconocen hasta los propios componentes de los grupos que concurren, saber como va la cosa en cuanto a la asistencia de los afiliados para, si fuese necesario, localizarlos y conminarlos a ir. El propio... (sí, ese partido que están pensando y que no voy a decir, para que el picapleitos lame traseros, tenga que seguir viniendo a leer con lupa y no pueda trincarme, más que lo rima con langostino), sugiere a alguno de los que luego verán bien colocaditos en nuestro... (sí, ese sitio donde se curra de ocho a tres, hay treinta días de vacaciones, dos pagas dobles y media hora para desayunar) la conveniencia de apoyar a la organización este día en el que, el pago, es un bocadillo, un refresco, un café con magdalena y una mísera palmada en la espalda... y la cierta opción de hacer méritos, ante los jerifaltes que luego renuevan contratos, tienen la varita mágica para hacer fijos a los eventuales y, en suma, poseen el mango de la sartén laboral de su lado.
Así que ya lo saben. Cuando en dieciocho días, que son los que quedan, accedan a ejercer su legítimo y sagrado deber, ese por el que lucharon tantos anónimos españoles, a sus respectivos templos de la Democracia, fíjense, donde se empiezan a fraguar las victorias y las derrotas, donde demuestran músculo quienes aspiran a gestionar nuestro taco, donde se condicionan muchas decisiones, donde se pervierte el sistema. Así se escribe también la Historia y quería que lo supiesen. Total, si como dicen, a este blog le quedan pocos artículos, que más da que uno sea este. De esta guisa, pueden engordar esa querella que me van a poner y que llevo casi cuatro años esperando. Entretanto, queridos, me permito recordar como va el marcador:
Vosotros, dos denuncias- José Miguel Navarro, cero.
Llamar a Vicente del Bosque, chatos, que el choque se os ha puesto cuesta arriba. Lo mismo en este potrero, el crack no está en vuestra escuadra.