martes, 24 de mayo de 2011

Thrilla

Eran las once menos cuarto de la mañana, del día uno de octubre de mil novecientos setenta y cinco. A esa hora, en el Coliseo Araneta de Quezon City, en Manila, saltaron al cuadrilátero, por tercera y última vez en sus carreras, Muhammad Ali y Joe Frazier. Se jugaban el Campeonato Mundial de Boxeo en la categoría de los pesos pesados. Las veces anteriores, una victoria había caído de cada lado.
El favorito, antaño llamado Cassius Clay, llegaba a la pelea inmerso en un circo inapropiado para preparar un combate. Viviendo una relación sentimental con Verónica Porche, mientras seguía casado con Belinda, su segunda esposa. Planteándolo como un favor a Frazier quien, en tiempos, se había desvivido por ayudarlo, cuando fue inhabilitado por la federación deportiva de su propio país. Días antes, se había permitido el lujo de decir que, su contrincante, era un gorila al que iba a dar una trilla. El aspirante, se había entrenado a conciencia y no se había dejado intimidar.
Lo que sucedió, hasta que Carlos Padilla mando parar en el decimocuarto asalto, lo conocerán porque forma parte de la Historia del deporte mundial. Ganó Ali. Pero lo hizo, justo cuando empezaban a cortarle los guantes porque no podía más y porque, el otro, no iba a besar la lona, decidido a resistir aunque le costase la vida. Jamás una victoria fue tan amarga y una derrota tan dulce.
Pensaba en esta pelea mientras, con la calma que dan las veinticuatro horas pasadas, analizaba el resultado electoral en nuestra querida Villa.
Muhammad es Benítez. Joe, Juana Rodríguez Goncet.
Manolo, el líder socialista, se ha hartado de pronosticar que, en el ring, no había púgil capaz de hacerle sombra. Ha menospreciado constantemente la sapiencia de los populares. Los ha sentado en la bancada de la oposición y los ha relegado a un papel secundario. Les ha vaticinado una derrota clara, contundente. Claro, cuando todavía la campana no había dado comienzo a las hostilidades. A la hora de la verdad, lo que se ha encontrado enfrente, era el rocoso cuerpo de una luchadora que le ha aguantado, mofas en los Plenos, guasa en las revistas, chistes malos en los mítines y que, aún así, no ha dejado de esforzarse, no ha detenido ni un instante su preparación, no se ha molestado en contestar mas que donde había que hacerlo, en las urnas.
En la capital asiática, el ganador salió consternado, cabizbajo y honrando al perdedor. Fue consciente de la talla de su oponente y de su propia fortuna. Desde esa fecha, se convirtió en un rendido admirador suyo. En la de mi maravillosomundo, se pretende deslegitimar el resultado e, incluso, se permiten criticas al sabio electorado, por haber mudado el contenido del sobre que metieron en la urna. De la boca del, dicen, más grande de todas las épocas, salió una frase:
"Es el mejor luchador de todos los tiempos junto a mi".
No esperen lo mismo, de quien ha asido la vara de mando en los últimos dos años. Son maneras de ganar y maneras de perder y, como estas no se venden en ningún comercio, o las traes de casa o no las tienes. Les he hablado del estilo, como habrán entendido, faltaría más. Ustedes son, como el menda, de Castilleja de la Cuesta.
Poco más hay que añadir.