viernes, 27 de mayo de 2011

¿Eran o no unos ni-nis?

Hace un año casi, en este negro sitio donde se escribe con la tinta del orgullo castillejano, me atreví a bautizar a quienes nos (mal)gobernaban, como ni-nis. El término no era propio, siendo riguroso, lo tomé prestado e hizo fortuna. Hoy, constato con satisfacción que acerté. Lo hago porque, estando próxima a acabar, la semana lectiva que sucedió a las Elecciones de la gran debacle, ni uno solo de los que pintan algo, en el partido del puño y la rosa, han tenido la decencia de salir a dar, no digo la enhorabuena al resto de participantes, que para eso tendría que haber señorío si no, si quiera, unas tristes excusas a sus votantes. ¡Que han perdido, no cuatro, si no ocho Concejales de ventaja, con todos los medios a su favor! ¡Se puede ser más inútil! Lo que si han hecho, es publicar una carta que no hay por donde cogerla. Les animo a leerla para que saquen sus propias conclusiones. Firma, el autor intelectual de la defenestración, de la candidata que ganaba comicios como churros, Juan Manuel Anguas.
En el PSOE, la soberbia manda desde hace décadas. Se han alejado del pueblo tanto que, a estas horas, la razón fundamental de una galleta previsible, es el juego sucio (afirmación del señor sindicalista de IKEA). Como si, quienes hubiesen mandado quitar la cartelería del resto de agrupaciones, hubiesen sido unos que pasaban por allí y no ellos. Como si, quienes hubiesen utilizado una publicación electoral para cachondearse de los demás, hubiesen sido Rita o Perry.
Son así, no le den más vueltas. No se puede llegar más alto con menos. Se aliaron todos los astros para que, en ese preciso instante, dejase de contar el éxito de la inteligencia para que lo hiciese, el éxito del pillo más inteligente. Se conjugaron todas las fuerzas celestes, para que se impusiese comulgar con ruedas de molino al sentido común; la sinrazón a la razón. ¿Sería esta la conjunción planetaria de la que nos hablaba Leire Pajín?
Ser ni-ni, empero, no es sencillo. El ideario ni-ni exige que:
Ni se piense.
Ni se discuta.
Ni se reflexione.
Ni se considere.
Ni se critique.
Ni se examine.
Exige tratar a la ciudadanía como hinchas. Exige olvidar valores como el respeto, la honorabilidad, las buenas maneras, aprender a vivir en el siguanismo y despreciar a todo aquel que no sienta como ellos.
Probablemente, tengamos más ración de ni-nis los próximos cuatro años. Quedará el consuelo de que, al menos, estarán fiscalizados y no podrán hacer de su capa un sayo. O no, porque ser ni-ni es contagioso y, lo mismo, si Tomás Arias respira mucho el aire putrefacto de la Casa Grande, acaba siendo uno más de la tropa. Desde luego, si tal sucediese, no crea que no le vamos a dar lo suyo porque, si en manos de alguien está evitarlo, créanme, no es en las mías precisamente.