domingo, 19 de junio de 2011

Algunos apuntes sobre la dimisión de Manuel Sánchez Moya

Con solo un Pleno, solo seis días después de tomar posesión y con toda la legislatura por delante, el Concejal independiente del Partido Popular, Manuel Sánchez Moya, ha decidido salir de la formación que lo cobijó en la campaña electoral y pasar a ser edil no adscrito. De todas las renuncias, dimisiones y espantás que nos quedan por ver, sin duda, esta será la más curiosa porque, la motivación de la misma, ni es económica, ni tiene que ver con la ideología. Este señor, reconocido empresario del sector sanitario, con una trayectoria profesional larga y triunfante, se va, según deslizan sus allegados, por diferencias irreconciliables con la candidata pepera, Juana Rodríguez Goncet. Según explican en la sede de los de la gaviota, por una serie de imposiciones no correspondidas, entre ellas, forzar dimisiones en las filas propias, para dejar paso a un afín, el número diez de la lista Francisco José Sánchez Limón, hasta la bancada del Salón, donde se debaten los grandes asuntos de la vida local.
Sin entrar a valorar quien pueda o no tener razón, son discutibles las formas y la oportunidad. Entiendo que, cuando uno acepta concurrir a las elecciones con un grupo, el que sea, lo hace siendo afín a la marca, tras informarse, conociendo la realidad interna y consciente de que, el acta, se obtiene no para fines privados (ignoro si es el caso), si no para hacer cumplir el programa que, imagino -porque si no es para tirarse de los pelos- conocerá.
No estaría de más, diese públicas explicaciones de que pretende en lo sucesivo. Sería lo lógico en alguien que es, hoy por hoy, un servidor público y que está puesto ahí, para velar por los intereses de un electorado que, depositando su voto, consideró que era lo más cercano a sus ideales y modelo de pueblo.
Por cierto, como para conocer hay que indagar, indagando indagando, he llegado a la conclusión de que, a esto precisamente, es a lo que se refería el líder de I.U., Tomás Arias, cuando descartaba pactar con ninguno de los mayoritarios porque, internamente, en ambos lados había más lío, que en Granada para decidir quien tira los penaltis. Si a la derecha (aunque saben que no me gusta esta diferenciación) este era el punto de discordia, a la izquierda, ¿quién o quienes serán los que están con la maleta cerrada para abandonar la Casa Grande? ¿lo harán para dejar paso a otros compañeros o volverán a desequilibrar la complicada aritmética resultante del veintidós eme? ¿terminaremos estos cuatro años con diecisiete grupúsculos minoritarios y todo quisque votando lo que le salga de la entrepierna?
Si es así, con perdón, pobre Castilleja de la Cuesta. Que uno sepa, la anarquía es la antesala del caos.