sábado, 30 de julio de 2011

El timo de la Asamblea de I.U.

No dejaba de causarme asombro. Era salir publicada una noticia e, inmediatamente, aparecer la réplica de Tomás Arias bien en la misma, bien a través de una nota de prensa, bien a través de un artículo en su sitio virtual. Al asunto Moya no le faltó la impresión de Izquierda Unida. A las dimisiones del PSOE, tampoco. A la vuelta al redil de los cuatro díscolos, a las pocas horas, muchísimo menos. No ha habido mano que, el líder comunista, haya desaprovechado para hacer hincapié en el hecho de que, las agrupaciones castillejanas, estaban podridas por dentro. Todas, obviamente, a excepción de la suya. La suya no, la suya era un ejemplo de fortaleza, de cohesión, de organización interna en suma.
El partido que acaudilla este hombre, tiene un escándalo abierto y no precisamente, un escándalo cualquiera. Un escándalo que se tiene tapado. Un escándalo del que no se escribe porque, a este embaucador, no le da la gana arguyendo que, de lo interno, solo debe hablar quien esté dentro. El argumento no se lo aplica a él mismo cuando, los mismos acontecimientos acaecen en otras siglas. Hipocresía roja. Abajo lo explico mejor.
Decir I.U. en Castilleja de la Cuesta es decir Sánchez Acosta. Con esos apellidos al frente, la histórica marca alcanzó una cuota de poder que, hoy, haría que en el Ayuntamiento quien mandase fuese este tipo cuya palabra, cuyo discurso, es demagogia pura. En términos electorales, sus resultados se tradujeron en cuatro Concejales, ahí es nada. El uso que de ellos se hizo, todo hay que decirlo, fue idéntico al que se ha hecho ahora. En lugar de propiciar el necesario cambio, porque el socialismo igual que en estos instantes, era más problema que solución, su actuación fue encauzada a reforzar la Alcaldía de Francisco Carrero, con un pacto en el que, como en este Julio que agoniza, hubo apoyo a cambio de representación en Mancomunidad, Aljarafesa y órganos colegiados varios. Tiempos de la célebre pinza en Andalucía, me permito recordar. Aquí, pinzas... las de la ropa. Programa, programa, programa, era lo que se decía entonces. ¿Les suena? El programa dura lo que tardan en venir los Reyes Magos con los regalos.
Pues bien, Antonio Sánchez Acosta que fue, quien recogió al individuo que, la otra tarde, puso la soldada que le indicaron desde Sevilla, al jardinero que ostenta la vara de mando, está en proceso de expulsión del partido que tantos años dirigió. Mejor o peor, eso quien lo juzgó fue el electorado, pero lo dirigió. A él, en un tic que no descarten vuelva a repetirse, quien lo relevó fue su propia hija, Minerva Sánchez y, a esta, quien la ejecutó, políticamente claro está, fue el opinador de fregados ajenos.
¿Como lo hizo? Muy sencillo: por el método más tonto del mundo, por ocupación de espacio. Si en un salón aunque quepan treinta o cuarenta, solo van, coyunturalmente veinte y, de ellos, me encargo que once, sean familiares o amiguetes míos y, en ese instante, establecemos unas reglas para que, en lo sucesivo, la preferencia de paso la tengan, quienes determinemos nosotros y no la mayoría de los que acudan o puedan acudir en el futuro, como era habitual, ¿qué he hecho? Como pueden deducir, lo que he hecho es quedarme el salón porque, mientras me de la real o república gana, allí va a a hacerse lo que me salga del pie. Para eso hay un acuerdo previo. Sustituyan salón por Asamblea y tienen el cuento.
Volviendo al tema de la expulsión, he de decir que, las causas, hay que buscarlas en una lucha de egos y por el poder, cuyo vencedor, que es quien vimos en los carteles en las últimas elecciones municipales, se está encargando convenientemente no vuelvan a repetirse. ¿Como? Aniquilando al perdedor que, si desaparece como está pretendiendo, acusándolo de traidor y de conspirador, deja de ser opción más adelante. El método, como ven, es similar al empleado en Cuba o Venezuela, paradigmas de lo que esta gente es capaz de hacer, cuando ocupan las poltronas.
Bonito panorama el que, con un muro alto no, altísimo, pretende tapar de la vista don Tomás Arias. Bonito, por las que hilan. Aún así, se permite hacer valoraciones sobre el corral de quienes viven junto al él. Aún así, amenaza con sacar papeles, actas y documentos. ¿Por qué no saca los folios que abundan en esto? ¿Por qué no justifica su llegada al poder?
Algunos tienen una jeta que se la pisan.