lunes, 15 de agosto de 2011

Pionono: el dulce de la Calle Real...

De Santa Fe, en Granada claro está.
Saben, si son asiduos de mi maravillosomundo que, aparte de como marchan las cosas en la capital del mismo, Castilleja de la Cuesta, tengo un interés descomunal, por determinados monumentos vivos de ámbito empresarial.
En esta negra página, les he hablado del mejor brandy del mundo, Luis Felipe de La Palma del Condado. Les he contado las bondades del mejor ron de España, Montero de la Costa Tropical. Me duele la boca de defender que, Inés Rosales, jamás debería haber salido de nuestra Villa aunque, afortunadamente, aún nos queden dos artesanos que pasean el nombre de nuestro pueblo por el planeta y, que responden a las marcas comerciales, Upita de los Reyes y Hermanos Prieto Gordillo, enseña esta última que, en mis viajes, jamás deja de ir como presente para obsequiar a quienes me reciben.
Hoy, precisamente hoy, en la víspera gozosa de las Jornadas Mundiales de la Juventud que, para orgullo de nuestro país, España, se celebrarán, por más que unos intransigentes, irrespetuosos e intolerantes se empeñen, en Madrid y, auguro además, con gran éxito -hoy decía- les voy a contar el precioso origen de un dulce, el pionono, que tiene mucho de homenaje a un Papa.
La historia del pionono arranca en el año 1897, cuando Ceferino Isla González, que ya había sido aprendiz interno en el obrador de Manuel "el Gallego", se estableció por su cuenta en la Calle Real, de Santa Fe, Granada; exactamente donde está ubicada la actual Casa Isla.
Ceferino, muy devoto de la Virgen, quería rendir homenaje al Papa que, en 1858, había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción de María. Este no era otro que Pío IX (Pío Nono). En este contexto, Ceferino madura su idea de crear un nuevo pastel que no sólo lleve el nombre del Papa (de ahí surge el nombre de Pionono), sino que además el pastel recuerde la figura papal: aspecto cilíndrico y algo rechoncho (bizcocho humedecido enrollado sobre sí mismo), revestido, como el Papa, con un balandrán blanco (canastilla de papel en cuyo interior se deposita el bizcocho humedecido) y coronilla de crema azucarada y tostada sobrepuesta al cilindro de bizcocho (que quiere simbolizar el solideo con el que el Papa cubre su coronilla).
En 1916, el rey Don Alfonso XIII, en una de sus visitas a la finca que su amigo el duque de San Pedro de Galatino poseía en Láchar, fue obsequiado por éste con piononos para merendar. Alfonso XIII, impresionado por el delicioso sabor de tan singular postre, decidió obsequiar a Casa Isla con el título de proveedores oficiales de la Real Casa. Título que llega a nuestros días.
Ceferino Isla dejó el negocio en manos de Mercedes y Enrique Isla Rodríguez, quienes, a su vez, dejaron el obrador a cargo de Manuel Isla, en el año 1977, encargándose éste de la reforma y ampliación del obrador y pastelería.
En la Calle Real, cerca de donde se encuentran las instalaciones de Casa Isla, se erigió un monumento a Ceferino Isla, en una plaza que ha adoptado su nombre. Con el mismo, se rinde homenaje al creador de un dulce, que ha llevado y lleva el nombre de Santa Fe a todo el mundo.
Igualito que en nuestra amada población.
Estos, me reitero, son los tesoros que dan fama y riqueza a los sitios.
Aquí teníamos uno y a unos listos, con una alegría insultante, se les ocurrió regalarlo.
En fin, Serafín.