jueves, 1 de septiembre de 2011

Cree que sabe

...Y no tiene ni idea de donde está en pie.
Confunde ser Alcalde con cacique... y no es consciente que gobierna en un Estado democrático.
Usa su cargo para ajustar cuentas personales... y no cae en la cuenta que, sus actos, deben ajustarse a Derecho.
No conoce, ni respeta las tradiciones locales... e intenta cambiar, lo que la costumbre y el amor al terruño, forjó durante centurias.
Evade sus verdaderas responsabilidades, como proveer de seguridad a sus vecinos, como garantizar la igualdad en el acceso a los servicios básicos... y no duda, en enzarzarse en disputas que distraigan la atención, para tapar sus vergüenzas y su incapacidad manifiesta.
Es el lamentable, miserable, triste personaje que, por culpa de una organización que prefiere unas siglas a su pueblo, el PSOE; por culpa de un comunista embustero, Tomás Arias, que ha antepuesto la obediencia a sus superiores, a su lealtad a quienes le votaron, aún bastardeando la palabra propia, manda en Castilleja de la Cuesta.
Entre ayer y hoy, en estas cuarenta y ocho horas de ignominiosa ofensa, a un conjunto de creyentes, ha perpetrado su venganza por el desastroso resultado electoral obtenido en Mayo y que, en la cortedad de sus entendederas, atribuye a este grupo de Hermanos, encabezados por el marido de una contrincante donde, porque es así, hay cientos de censados de otros municipios e incluso votantes suyos.
No le vamos a pedir que dimita (esta mano) porque si no, de que puede comer este infeliz. No le vamos a pedir, que se vaya a su querido pueblo de la Sierra de Cádiz porque, seguramente, allí lo querrán igual que aquí.
No. Le vamos a pedir que respete, que es gratis y va en el sueldo. Que respete a todos los vecinos, sean de la condición social que sean, tengan la ideología que tengan, profesen (o no) la confesión que profesen (o no). Al fin y al cabo, escrito está en la Carta Magna.
Si a él no le gusta ver banderas de una Hermandad que no es la suya, a mucha gente, tampoco le gusta ver carteles electorales con su careto retocado por ordenador, ni enseñas del Sevilla o el Betis cuando celebran sus éxitos y, como creen en la tolerancia y en la convivencia, lo aceptan.
¿O se ha creído que este conjunto de calles y casas es suyo? ¿O piensa que, en vez de ciudadanos, tiene súbditos que le deben pleitesía? ¿O, en el colmo del despotismo, se cree monarca en vez de edil?
¿Como pueden quedar todavía personas que defiendan a este sujeto? ¿qué piensan, que llegado el momento de colisionar sus intereses con los suyos, este personaje iba a ser justo?
Si es así, cometen un gran error.
Manolo Benítez solo se quiere a si mismo y, para obtener lo que desea, cada vez está más claro que no se para en barras. Si tiene que amenazar a un vecino en la puerta de un colegio, lo hace. Si tiene que mentir y manipular, lo hace. Si tiene que darle una patada en el alma a mil devotos, para fastidiar a una rival política, ya lo están viendo.
Lo próximo, con un tipo que cuando agarró el bastón de mando, lo exhibió como una copa deportiva, vayan a saber que puede ser.