martes, 13 de septiembre de 2011

El juego de Tomás

Esperemos que no tengan que pasar otros veinte años. Esperemos. Hagámoslo, en la confianza de la existencia de otra oportunidad. Desde luego, tendremos que tener cruzados los dedos y que, el golpe de suerte necesario para que en el asunto no esté un comunista, se produzca. Las dos veces que han tenido la ocasión de cambiar el régimen socialista castillejano, las dos, su reacción ha sido idéntica: mentir primero, realizando promesas que no pensaban cumplir y, posteriormente, tratar con los caudillos del gobierno, meter la cabeza en el mismo y participar de la fiesta.
Lo que diferencia el primer y el segundo pacto, no obstante, es que la vez anterior, al entonces líder de Izquierda Unida, no se le ocurrió que, en lugar de desmontar el chiringuito que más preocupa, el chiringuito de las colocaciones de afines, el chiringuito de la inseguridad ciudadana, el que había que desmontar, era el de la oposición. Así, tocando tocando, en vez de erosionar un estilo de mandar que, al afín le pone el culo y, al disidente, se lo parte, a este patético émulo de Hugo Chavez, de Fidel Castro y de sus adláteres, le pone bastante más, destruir al PP porque, simple y llanamente, es la derecha y, ahí, se concentran todos los males del mundo pues, como se sabe, donde ha gestionado su partido (Rusia, Cuba, Corea) el progreso los ha conducido a la felicidad.
Ya se ha llevado a la era a un tipo, al que ha convencido, café a café, cerveza a cerveza, de que lo que ha hecho no es transfuguismo. Porque lo que ha hecho Manuel Sánchez Moya saltando de bancada, con un acta que moralmente sabe, no le pertenece, para opositar a la oposición, por un problema de celos, de envidia y de protagonismo, es transfuguismo. Aquí y en Sarriá, región de Galicia. Mientras más diga este vecino de Barcelona que no, más dice este otro que sí. Mientras más diga este saca muelas, que no comulga con el comunista (como a mi me lo ha dicho, acompañándolo de epítetos vergonzosos y si no, que lo niegue) más constante es la presencia de ambos en bares, cafeterías y hornos varios. Porque Tomás Arias, que de lelo no tiene ni uno de sus canosos pelos, ha hecho como hizo con otros antes. Amigar con quien desprecia, con arrimados a una ideología que, el enfermizo subconsciente de este perdedor, entronca con Franco y, usarlos como arietes contra la misma.
El objetivo verdadero es, conformar un pseudo-grupo más amplio que el de los de la gaviota. Luego, montar una coalición independiente y, desde ese punto, intentar llegar al Ayuntamiento. A mi, como idea, esto de la coalición independiente, que quieren que les diga, me podría parecer hasta acertado. Eso sí, con estos personajes al frente, el proyecto tiene menos recorrido que Belén Esteban de mediadora de la ONU. Con Antonio Granja, que se ha ido del PP por sentir que no pintaba nada pero que, por coherencia y dignidad, en un gesto que denota su categoría, lo ha hecho marchándose a su casa, lo han intentado. Sí, lo reitero. No le han ofrecido dinero pero lo han intentado. Ahora, están expectantes porque, el octavo de la lista, Jesús Manuel Díaz Rodríguez, amaga con dimitir. A este caballero, que no va a participar en juego alguno, no necesitan tocarlo porque, hay un plan por si sucede.
¿Qué pasaría llegado ese día? Pasaría que, el décimo, Francisco José Sánchez Simón, que hace las veces de chófer de "er Moya", juraría como Concejal y, automáticamente, solicitaría el pase al grupo no adscrito para, aprovechando las tres salidas, vender la teoría de que, esa agrupación es un desastre (invalidándola como alternativa política) y, quien la encabeza, una dictadora. Tampoco vamos a decir que es Santa Juana.
Esto no es nuevo. De los cuatro últimos candidatos, de los de la sede de la Calle Convento, se ha dicho lo mismo en tiempos. Luego, cuando han desaparecido del ruedo, se han ponderado sus magníficas cualidades. Recito los nombres: María José Sánchez Palencia, Juan del Río, Rafael Baena y, la ahora Diputada Provincial.
Da asco, ¿verdad? Pues eso es lo que se está cociendo y, como el Señor Arias, don Tomás, es quien lo ha instigado, quien asesora al "independiente", quien le pasa la información que suelta en los Plenos, quien tiene, un segundo Concejal sin haberlo sacado y aspira al tercero, servidor, que lo ha calado, lo suelta aquí con antelación para que, cuando suceda, no salga con su mamarrachada habitual de "la caterva de los de Castilleja de todalavida" y tal y tal.
Que lo soy, oigan, y no tengo que avergonzarme.
Soy de Castilleja de la Cuesta, criado en el barrio del aguardiente, mi familia tiene mínimo, desde hace tres generaciones una casa en la Plaza de Santiago, mi bisabuelo fue Concejal cuando del tima bobos este, no se sabía aquí ni papa, me encanta mi pueblo, defiendo sus costumbres y tradiciones, por todos lados y sufro por ver, como están dejándolo cuatro infelices que, para ocultar su inutilidad, atacan con esta sopla pollez.
Y con orgullo, ¡que coño!
Si el no lo siente así, peor para él... y para todos porque, desgraciadamente, nos representa y no hay nada más triste, que te represente alguien a quien no le gustas ni tú, ni tus cosas. Aunque, bien mirado, más triste tiene que ser para su persona, vivir en un lugar que no le agrada y saber que, haga lo que haga, la idiosincrasia del mismo, permanecerá inalterada eternamente.