sábado, 1 de octubre de 2011

La importancia de tener principios, luchar por ellos y no subastarlos bajo ningún concepto

Ni tengo una revista para que me haga la pelota, ni el respaldo de un gran partido político detrás, ni recibo un duro de las arcas públicas. No me debo a ningún interés ideológico, no tengo que obedecer ordenes y, si sirvo a alguien, es a mi propia conciencia. No he vetado a nadie. Me han insultado en esta, mi casa, traspasando los umbrales de lo que es crítica y, aunque tenía la posibilidad de ir a los juzgados e interponer la correspondiente denuncia, he preferido darle su minuto de gloria a los anónimos a sueldo y, con contundencia, despacharlos. Todo eso, recuerdo, sin ocupar cargo alguno, sin tener responsabilidad en lo que, durante tres decenios, ha acaecido, siendo solo, notario de una realidad que está ahí fuera, al alcance de la vista de quien quiera mirar desapasionadamente.
Mi único deseo, durante estos cuatro años largos de aventura cibernética, ha sido expresar mi opinión, la de un ciudadano comprometido, con la legitima aspiración de, gracias a la palabra, promover un cambio en la mentalidad de una población que, si ha llegado a estos niveles de degradación, ha sido por ser acomodaticia, conformista y cobarde, aparte de por la nula capacidad de una caterva de personajes que, desde donde se decide, han tomado, sistemáticamente, las peores decisiones posibles, pensando siempre en ellos y no en nosotros.
A diferencia de él (puesto que no da mi nombre aunque se refiera a mi, me dirigiré a esa persona, con el mismo sistema de alusiones veladas) me visto, como se visten los tíos y, si digo que voy a hacer algo lo hago y, máxime, cuando es justo y necesario. No me verán jamás cambiando de caballo en medio de una carrera, aunque se haya quedado cojo. No me verán amagando con apuntar hacia un lado y disparando al contrario. No se ponerme caretas, ni disimular, ni mentir, ni engañar. No creo en las estafas. No me han enseñado ni en casa, ni en esos cursillos para cortitos que dan en las ejecutivas provinciales.
Pero si tengo claras dos cosas:
Una. Que los malos, los que de verdad han jodido lo que, hace mucho, fue capital de una comarca, referente de todos los villorrios adyacentes (incluyendo este Tomares desde el que escribo) y envidia del Aljarafe, siguen sentados en las mismas butacas, con idénticos cargos, con la misma actitud y, lo que es innegable, es que este "indocumentado" "por mucha mala leche" que me vean, no ha sido el culpable. Por eso, no tengo necesidad de dar tantas explicaciones, ni de justificarme tanto. Sigo queriendo que esto gire, se regenere y evolucione. Él, no. Él -solo hay que abrir los ojos- quería subirse al tren (o a una farola como los buitres) y viajar en clase preferente, para comerse el menú de balde, leerse toda la prensa gratis y dormir la siesta en un butacón mullido.
Dos. Que ser oposición de la oposición es patético, tanto como tener, como competencia laboral, levantarse y salir corriendo a abrirle la puerta a uno que va a orinar, aunque de esto, me van a perdonar, no merece ni la pena que me ocupe. Hay ególatras que se retratan solos. Por muy licenciados que sean. Por mucha ciudad grande que habiten. Por mucha foto regia que exhiban.